Brillando…
Te estaba viendo caer, poco a poco, en algo en lo que no sabía cómo ayudarte. Te estaba sintiendo alejarte, cada día un poco más. Estaba notando cómo te perdías en un lugar oscuro y absurdo. Te encerrabas en tu cueva y no veías más allá. Pero no sé qué pasó. Un post mío. Un post tuyo. Una conversación que dolió. Momentos extraños y… cuando empezaba a dudar de si esto llevaría a alguna parte y de mis propias fuerzas -que no ganas-, empezaste a cambiar por tí mismo.
Empezó muy despacito. Querías buscar un psicólogo. Te ayudé. Una conversación acerca de una idea de negocio y te convertiste en un cohete supersónico. Me encantaría saber qué estuvo pasando por tu cabeza, pero por otro lado creo que están bien las cosas como están. Estás rezumando energía por todos tus poros. Estás trabajando para cambiar algo muy importante en tu vida y créeme, se nota.
Tu relación conmigo ha dado un giro de 180 grados con respecto a estos últimos meses. Sí, tú, hombre huraño, has estado, como te dije el otro día, escupiendo palabras acerca de ti, de tus pensamientos, y eso me ha hecho sentirme muy especial. No has estado conmigo, porque has estado en otro sitio, pero al mismo tiempo te he sentido muy cerca.
Con respecto a Keltsa también te he visto cambiar. Te intentas involucrar más con él y pasar más tiempo con él. Y eso te hace sentirte bien o, al menos, esa impresión das. Y me encanta, porque sé que te hace feliz, que cada minuto que pasas con él es como un regalo, aunque algunos fines de semana prefieras que duerma con tu madre y poder descansar algo ;)
Y, el trabajo, otro de tus puntos de enfrentamiento, también se ha convertido ahora en objeto de cambio. Hasta hace poco seguías aferrado a él. Querías irte, pero en el fondo querías quedarte. Y ahora eso también ha cambiado. Es distinto que estés cabreado por cómo están las cosas y que te dé pena que estén así a que sigas pensando que pueden cambiar.
Me hace feliz verte así. Me siento de nuevo acompañándote en un viaje en un tren de alta velocidad. La única diferencia es que esta vez, ese tren te lleva hacia tu camino -sea el que sea-. Y es que desde el principio he pensado que tenías que dedicarte tiempo a ti y a tus necesidades. Y, aunque el tren sea de alta velocidad, no implica que esté desbocado o que haya perdido el control. Simplemente, está siguiendo su camino, parada a parada. Y siento que me dejas acompañarte en ese viaje. Y me encanta.
Creo que has empezado a hacer lo que tenías que hacer por ti. No sé si te había dicho esto hasta ahora y, puede que esté equivocada, pero creo que una de las razones por las que no te han salido bien las cosas es porque te has dedicado a satisfacer las necesidades ajenas sin pararte ni tan siquiera a pensar en las tuyas y lo que implican. Y, la clave de la felicidad está en encontrar el equilibrio entre hacer lo que uno quiere o necesita y lo que la gente a la que quiere desea que haga por una razón u otra.
Hace tiempo aprendí que para estar bien con mi entorno, necesito estar bien conmigo misma. Si no, es imposible. Puedo aparentar que todo va bien, puedo estar sumergida en una rutina plácida y cómoda o en un torbellino de mal rollo. Pero termino agobiándome. Si no pienso en mí, si no dedico tiempo a mí, me convierto en un ser inane, que se mueve por inercia y poco más…
Sé que tienes miedo. A lo mejor miedo es una palabra un poco fuerte, pero sí al menos preocupación ante lo que se te viene encima. No merece la pena preocuparse -aunque tampoco hay que despreocuparse-. Necesitas un cambio y estás en ese difícil proceso. Pero sé que todo te irá bien, aunque tengas que atravesar momentos complicados o discutamos… Lo estás haciendo muy bien, guapo, sigue así.
No sé por qué te quiero, pero sé que te quiero. También sé que eres brillante, cariñoso, detallista, increíblemente inteligente, testarudo, excesivamente cuadriculado en ocasiones y mentiroso, pero eres íntegro contigo mismo y, sé que si te necesito voy a poder contar contigo. Y, para mí, esas son dos cualidades muy valiosas -y escasas en esta sociedad-. Admiro tu frialdad para algunas cosas, porque mi inteligencia emocional siempre ha sido bastante escasa, así como tu sensibilidad cuando es necesaria, porque yo a veces padezco de incontinencia verbal. Pienso que eres muy valiente y te adoro porque cuando estoy contigo me haces sentirme la mujer más especial del mundo.
Eres un hombre increíble. Vale, tienes defectos, muchos. Pero tus virtudes son tan grandes y aportan tanto positivo a mi vida, que, en el conjunto de las cosas, carecen de importancia. He peleado mucho por tí, creo que tú también por mí, pero este es el momento de que pelees por tí. Y quiero estar a tu lado mientras lo hagas. Me da igual que sea difícil, que sea duro, que a veces estés un poco insoportable… Me gusta estar contigo y compartir una parte de tu vida. Me gusta sentir que formo parte de ella, independientemente de que necesites espacio… -cosa que entiendo y no me importa-.
Verte como te veo es un regalo enorme. Brillas, brillas y brillas, aunque estés ausente, preocupado, disperso y a veces un tanto desagradable. Aún así rezumas energía por todos los poros, energía dinámica, energía positiva… Y no puedo evitar que me encante compartir eso contigo.
Un beso bicho. Te echo de menos.