Echo de menos…

 

… las conversaciones nocturnas donde hablábamos de nuestros "yo"

… los besos apasionados allá donde fuéramos

… tus propuestas apetitosas a través del correo

… las fotos que nos enviábamos con tanto deseo

… los mojitos de los jueves por la noche en Lavapiés

… nuestro pacto de sinceridad

… nuestro minimundo online donde Jon y Rebeca hacían realidad sus fantasías y desvelaban sus pensamientos

… las piruletas y las notas sorpresa que dejabas sobre mi mesa en la oficina

Hemos ganado muchas cosas, pero nos hemos olvidado de otras, aparentemente poco importantes, pero que echo de menos, porque son importantes.

Hemos ganado tiempo, hemos tenido momentos sexualmente memorables, caricias eternas y complicidad. Pero hemos dejado atrás algo especial que me gustaba compartir contigo. Y no quiero que sea así.

Me gustaban Jon y Rebeca y, cuanto más los hemos alejado de nuestras vidas, más nos hemos ido alejando (aunque al mismo tiempo en otros sentidos nos acercáramos). Yo me he comportado como una histérica y tú como un mentiroso. Nos hemos fallado el uno al otro….

Rebeca quiere volver a estar con Jon, recuperar esa magia de las letras, esa dicotomía cyraniana porque, nos guste o no, Jon y Rebeca son parte de nosotros y, si ellos faltan, nosotros fallamos.

Rebeca: "Me apeteces, ¿te apetezco?"

Jon: …

La última línea te toca escribirla a tí….

 

De colores

He cenado salmón con salmón. Sosito pero correcto, vamos, nada que ver con el de tu pescadero, pero no iba a ir a verle sólo a por una rodaja de salmón, así que he cenado salmón mediocre a la plancha. Tan mediocre era que Dizzy ni me ha pedido (oh, oh, oh…)

Me he dado un buen golpetazo en un tobillo, no sé cuando ni cómo, pero duele y está hinchadito el pobre. Pero como sólo es un golpetón -o golpetazo, nunca golpecito por eso de no usar diminutivos- supongo que en un día o dos estará como nuevo.

Estoy cómoda en tu casa a pesar del calor. Me gusta estar con la pequeñaja, pero me descentro más que en mi casa. Y no duermo igual de bien que en la mía… no sé, es distinto si tú no estás, de repente se me hace grande y fría y, hasta cierto punto, inhóspita. Luego llega la pelusilla rodante, me muerde el dedo gordo del pie, y me olvido de todo lo demás.

Me estoy fumando un porro. Me imagino que lo imaginabas.

Antes de empezar a escribir esto, estaba tocando mis labios, aún suaves y sugerentes. No sabía qué escribirte, pero sentía la necesidad de decir algo.

Estoy tan sumamente cansada, atontolinada, desencantada y desmotivada estos días que casi he agradecido tu ausencia. Pero creo que ya vale y debo ponerme otra vez al día, me apetezca o no. La vida es demasiado bonita para perderla no haciendo nada, aunque a veces no hacer nada sea lo más bonito que hacer. Pero sólo a veces.

Me gusta tu sonrisa en la nueva foto que has puesto en tu perfil. Tus ojos sonríen tanto como tus labios… ains, esos labios…

Se me ha borrado parte del post. No sé qué he hecho. Está mal. No lo puedo hacer igual, pero hablaba de simbiosis, química y pasión. Creo que es obvio que eso es lo que me haces sentir. Y, justo cuando ese trozo desapareció, estaba añadiendo, como palabra importante, R-E-S-P-E-C-T, y me estaba viendo cantarla con una de mis túnicas de gospel. (la parte en la que me veía cual croqueta con 20 kilos de más la omito, sólo es consecuencia de la hierba).

Tu vecina ya está asomada a la ventana, fuma que te fuma, fuma que te fumarás. Y yo fuma que te fumarás, mirando a tu vecina y a mi rostro reflejado en la pantalla.

Me aso tanto o más que la enana. Me gsutaría tirarme al suelo con ella, pero no está lo suficientemente limpio como para que resulte apetecible.

Tengo ganas de verte, tocarte y morderte.

Besos de todos los colores.