Seis cosas que me hacen feliz (con Jon)

 

No puedo decir seis cosas que me hacen feliz con Jon, porque simplemente el hecho de que exista me hace feliz. Pero, lo prometido es deuda así que, como soy una "blogadicta" (o puede que "bloggeradicta") incansable, me veo irremediablemente atraída por la necesidad de escribir este post. No pretendo ser ni tan profunda ni tan intensa como tú, porque no sólo estoy cansada y no me sale sino que, por otro lado, después del mi último y largo post, me cuesta encontrar cosas que decir.

Pero sólo se trata de decir seis cosas que me hacen feliz contigo, y eso es fácil y difícil al mismo tiempo. Así que, allá voy

1.- Me gusta cada milímetro de tu cuerpo. El tacto de tu piel es sorprendente. Tus labios carnosos, suaves y pasionales son fruto de más de uno de mis pensamientos libidinosos. Tus manos consiguen excitarme cada vez que se acercan a mí. Tus ojos, cuando brillan, me enamoran aún más si cabe, con esa energía, tal vez algo triste, emanando por todos los poros. Tu cuerpo, proporcionado, firme, contundente, como tú bien sabes provoca mis miradas lascivas. Me hace muy feliz mirarte, y tocarte, y besarte y disfrutar de todo tu cuerpo. Y no hablo sólo en el plano sexual, que me enloquece, sino desde tu mano suavemente posada en mi rodilla cuando conduces, pasando por tu cuerpo desnudo rozando el mío cuando vienes a despertarme hasta llegar al aroma que desprendes… que suavemente me mata. Verte y saber que puedo disfrutar de ese cuerpo me alegra mucho la vida.

2.- Me hace disfrutar contigo cualquier cosa que tenga que ver con comida. Me gustó mucho verte cocinar, tan entregado, saboreando cada una de las cosas que hacías. Verte así de feliz me hace feliz. A tu lado me siento un poco "pardilla" con la cocina, y siento una gran curiosidad por aprender de ti en este sentido. Y también me resulta excitante ver cuánto te agrada que exprese mis sentimientos hacia la comida. Se nota que te gusta verme así y, poder ser yo misma, aunque gima delante de un plato de comida, me resulta espeluznantemente irresistible. Y como esto la música, la literatura, en menor medida el ajedrez y todas las múltiples aficiones que comparto contigo.

3.- Me pierde que me retes y retarte, o que retemos juntos. Me puede jugar contigo. Me da igual que sea apostar por una fabada que unirnos para putear a nuestros jefes. Siento que puedo compartir contigo cosas que la mayor parte de la gente ni se plantearía. ¿Para qué? Hay cosas que son tan divertidas…. Todos al crecer perdemos esa parte de niños, unos más y otros menos, pero esas risotadas sanas que nos tiramos a veces, entre pique y pique intelectual, son de lo más bello que me puedes dar.

4.- Me tiene totalmente sobrepasada tu manera de buscar tiempo para estar conmigo. Esa preocupación, esa dedicación, ese deleite, esa manera de cuidarme… no estoy acostumbrada, lo reconozco. Esa sensación cuando vienes a despertarme por las mañanas es absolutamente mágica. Me haces sentirme como una princesa de un cuento de hadas. Bueno, no, que eso es muy cursi, pero me haces sentirme la mujer más especial del mundo.

5.- Me sorprendió -agradablemente, por supuesto-, la primera noche que "pasamos" juntos. Puede que no fuera el polvo del siglo, pero desde luego puede entrever lo que podía ser nuestra relación en ese sentido. ¡Fiú! Ni de coña. Estaba muy equivocada. Sí, queda mucho por mejorar, los dos lo sabemos, pero te aseguro que has superado  mis expectativas con creces. Cada uno de nuestros encuentros, conclusos, frustrados, de degustación o a la velocidad del rayo me dejan con una sonrisa de oreja a oreja. Y eso es porque has conseguido darme los orgasmos más largos e intensos de mi vida sexual.

6.- Pero, lo que más feliz me hace contigo es, sin lugar a dudas, una cosa mucho más simple: que estés. No puedo negarte que estoy irremediablemente enamorada de tí y cada minuto que conseguimos sacar para estar juntos es ya en sí mismo un motivo de felicidad.

Soy feliz cuando te veo feliz y me haces feliz.

Soy feliz a tu lado y feliz cuando sin estarlo lo sigo estando.

Soy feliz cuando me toco pensando en ti y cuando pienso en ti tocándote.

Soy feliz cuando me ruborizas y feliz cuando hago algo que me sube los colores para que tú lo disfrutes.

Soy feliz pensando cómo sorprenderte y feliz viendo tu cara de sorpresa.

Soy feliz con tus pequeños detalles y feliz con los grandes.

Soy feliz por todo lo que me das y porque me dejas que te dé.

Soy feliz cuando sonríes y feliz cuando me miras sonriente.

En definitiva, soy feliz porque existes y compartes tu existencia conmigo.

Tiempo sin tiempo

 

Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta

tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo

tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj

vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.

Mario Benedetti

(Me encanta compartir mi tiempo contigo. Gracias por buscarlo y encontrarlo)

Seis cosas que me hacen feliz (con Rebeca)

 

Corre por algunos blogs un memé que pide que contemos 6 cosas que nos hacen felices. He decidido cambiar ligeramente ese memé para contar lo que me hace feliz…. contigo.

Debido a que estar a tu lado implica de por si felicidad, he decidido plantear que cosas de ti hacen felices a mis sentidos (yo también quiero hablar de sentidos, aunque sea de una forma resumida).

1.- Vista

Decir que el verte me hace feliz es una obviedad, así que detallemos un poco: me hace feliz tu sonrisa, me encanta ver esos dientes blancos entre tus sensuales labios. Me hace feliz ver esa mirada de gata, cuando te reto, cuando te excitas, o cuando te das cuenta de que me has excitado. Me hace feliz ver tu cuerpo, da lo mismo que sea más lo que muestras que lo que ocultas, o viceversa. Me hace feliz mirarte cuando no te das cuenta (aún puedo recordar con claridad aquel día que estabas tumbada en aquel banco en el césped, descalza, relajada y absorta). Me gusta verte cuando te quedas dormida junto a mí, me gusta poder pasear la mirada tranquilamente por tu cuerpo sin que te sientas intimidada o incómoda…

2.- Oído

Tu risa, tu risa explosiva, tu risa nerviosa, cualquier tipo de risa. Me inunda de placer que te rías cuando estás conmigo o incluso cuando te ríes con los demás. Creo que, al poder disfrutar sólo del 50% de este sentido hace que se concentre mucho más tus sonidos en mi cerebro. Y no sólo la risa: tus gemidos, gruñidos, suspiros y ronroneos. El sonido de tu cuerpo contra el mío, el sonido tu respiración en mi cuello, o el de tu boca en mi oído. El sonido de tu voz que provoca que, por momentos, se desvanezcan mis preocupaciones…

3.- Tacto

Decirte que tu piel causa adicción no es hacerte ningún descubrimiento. El tacto de tu cuello en mis dedos aquella noche en blanco fue tan impactante que venció el resto de mis pensamientos y sentidos. Y no sólo es el tacto en mis dedos, es el tacto en mis labios cuando me besas, el tacto en mis brazos cuando te abrazo, el simple tacto de tu mano en la mía cuando caminamos, y podría dedicar un post entero a hablar de los cientos de sensaciones que el tacto "sexual" me provoca.

4.- Gusto

El gusto es un sentido un poco limitado, me explico, con respecto a ti se pueden ver, oir y tocar muchas cosas, pero el gusto está bastante limitado a momentos muy concretos. Y ya sabes lo que me gusta degustarte, puedo pasarme horas en el hueco de tu cuello, o entre tus piernas, saboreando sin descanso lo que emanas. Pero además tu compañía tiene efectos secundarios, cada vez que gruñes de placer al comer o beber algo provoca que me centre más en eso que estamos comiendo o bebiendo, y me pare más a saborearlo, y lo disfrute mucho más…

5.- Olfato

Al olfato le pasa un poco cómo al gusto, está circunscrito a momentos muy concretos, pero muy placenteros: el olor de tu cuerpo y de tu pelo cuando sales de la ducha, tu olor antes, durante y después del sexo, tu olor pegado a mis dedos y ropa, incluso me encanta olerme a mi en ti. Creo que debería intensificar más mi atención en estos dos últimos sentidos, estoy seguro que me provocan mucho más placer del que soy consciente.

6.- Sexto sentido

Me niego a aceptar que lo que me provocas en mi mente no pueda tratarse cómo un sentido. Me refiero al placer que me provoca tus disertaciones sobre cualquier tema, o la felicidad exquisita que me provoca ser blanco de tus palabras, pensamientos y energía. O la felicidad de ver que me superas con habilidad al hablar de ciertos temas (aunque me pique un poco). También me refiero (cómo decías en tu post) al bienestar incluso en los momentos de silencios. O la felicidad de encontrar huecos para vernos y besarnos. La felicidad de hacer cualquier cosa a tu lado: pasear, beber, mirar, escuchar…Todas eso debería estar inscrito en un nuevo sentido, el sentido mental. Es el sentido que más fuertemente me mantiene unido a ti, el que me crea más dependencia y que (seguramente) es el que más disfruto.

 

¿Por qué las palabras se me quedan cortas?

 

Llevo mucho tiempo dándole vueltas a por qué todo lo que te escribo me resulta escaso, a por qué siento que mis posts no terminan de ser lo que yo desearía. Los he leído, los he releído y les he dado mil vueltas. Y veo que lo que escribo se corresponde con lo que pienso y, en menor medida, con lo que siento.

Es decir, hablo sobre lo que he visto, sobre lo que me provocas y sobre lo que me haces sentir, pero no consigo sacar lo que siento yo. Es complicado de explicar, es como si hablara, pero sólo hasta cierto punto. Sí es cierto que, con respecto a los pensamientos más negativos (tengo miedo a estrellarme, a que avance o no avance, etc…) suelo explayarme bastante. Pero con todo lo que tiene que ver con todo lo positivo que encuentro, me resulta difícil encontrar palabras, tal vez porque en el fondo, siento que si de verdad te dijera lo que yo siento, me volvería muy vulnerable.

Pero, por otro lado, otra serie de razones me dificultan el camino y son, en el fondo, las que me frenan. La primera, que no suelo hablar sobre mis sentimientos, no estoy acostumbrada. La segunda, que siempre que me han hablado a mí de sentimientos me he sentido un poco incómoda: nunca he sabido cómo reaccionar y, por tanto, entiendo que si yo expreso los míos, el receptor va a pasar por los mismos apuros que yo.

Sin embargo, creo que, fieles a nuestro compromiso de sinceridad, lo mínimo que te mereces es que lo intente. Cuando empecé a conocerte -o, mejor dicho, cuando ya llevábamos un tiempo hablando- fuiste como una bofetada. Hasta ese momento no lo había sabido, pero me di cuenta de que si quería compartir mi vida con alguien, sería con alguien como tú. Obviamente, hablo de tu forma de ser, de trabajar, de tus inquietudes, de tus valores, de tu manera de comportarte, … y créeme, hasta ese  momento, nunca me había planteado seriamente qué quería en ese sentido.

Fuiste, al mismo tiempo, la confirmación de algo que yo ya sabía pero no quería saber: "si quiero esto, o algo lo más parecido posible, ¿no debería romper con esto otro?". Y, a partir de ahí, ya sabes las consecuencias. Vida nueva y más tiempo para conocerte mejor. Al principio siempre estaba esperando el momento en que me fallaras, me decepcionaras, te desvanecieras como el humo. Al fin y al cabo, si algo no existe, no lo podemos echar de menos, porque una vez que descubres qué deseas realmente, resulta difícil rendirse y no luchar por ello, por conseguirlo.

Nunca me he sentido con la necesidad o el deseo de "luchar por ti". No siento, ni quiero sentir, que estoy compitiendo por algo. Pero sí me planteo que quiero estar contigo, pero quiero estar yo, tal y como soy, con mis virtudes, mis defectos, mi exceso de tacos, mis mimos, mi mala uva, mi pasión…  Eres la única persona con la que me he esforzado por ser yo misma a cada instante y créeme, a veces me cuesta quitarme la máscara, supongo que porque mi timidez y mis ganas de estar bien generalmente pueden sobre todo lo demás.

Se me parte el corazón cuando te agobias porque dices que tienes que tomar una decisión o te volverás loco. Puedes decirme que no es culpa mía, pero si yo no hubiera aparecido, tú no estarías así. Y en ocasiones, desearía tener el valor suficiente de decirte que dejemos esto, porque te quiero y quiero tu bienestar, pero no puedo hacerlo. Las razones son muchas, unas egoístas -como que me hace muy feliz estar contigo- y otras más altruístas -yo no debo decidir por ti si te hace más feliz estar o no estar conmigo-. Así que muchas veces que estoy rara, es porque esas dos sensaciones, márchate o quédate, se pelean en mi cabeza sin que yo pueda evitarlo.

Las palabras son incapaces de describir todo lo que me haces sentir. Descubrir de repente lo que quieres en realidad, que existe una persona con la que serías capaz de irte al fin del mundo -en el sentido metafórico-, es para mí una fuente de energía. Primero, porque me confirma que existen personas que realmente merecen la pena escondidas en cualquier parte y, segundo, porque la pasión que siento en estos momentos es correspondida. Eres, por así decirlo, un oasis en mitad del desierto.

Cuando hablaba del silencio el otro día pensaba justamente en eso. Con pocas personas nos sentimos cómodas en el silencio, máxime alguien como yo, que tiende a la "incontinencia verbal". Pero contigo el silencio la mayoría de las ocasiones no está acompañado de un "¿en qué demonios estará pensando?". No se encuentran a menudo personas con las que se consiga esta complicidad, la simbiosis con la que bromeamos.

No sé qué pasará en un futuro. No quiero pensar en ello aunque sí he pensado en ello, en parte también porque creo que, si tú tienes que decidir por tu salud mental, es justo también qué sepas qué pienso yo del único escenario en el que creo que mi opinión sí importa. Me asusta muchísimo que renuncies a cosas que hasta ahora te han hecho feliz por algo que no sabes si te lo hará. Me planteo si sería suficiente lo que yo te puedo dar, porque ni siquiera yo misma lo sé. Tengo a mis espaldas una mochila cargada de piedras -ex novios- que me confirman que siempre he elegido mal. ¿Y si ahora también me estoy equivocando?

No me asusta pensar en tus obligaciones y compromisos, que te acompañarán toda la vida, porque sé que el tiempo, más tarde o más temprano, pone las cosas en su sitio, y todo es cuestión de tener paciencia y, para las cosas que considero importantes, tengo mucha. Obviamente, no me parece el panorama ideal, pero forman parte de ti y como tal las he asumido.

Pero, en la cara opuesta a todos estos pensamientos y dudas, están las certezas. Me gustas tal y como eres, con compromisos, frambuesas, momentos House y miradas inquisidoras. Me tienes fascinada, y eres la persona con la que he compartido muchos de los momentos más felices de mi vida en estos últimos tiempos. Me imagino un panorama contigo y, pese a todos los problemas, siento que podría ser muy feliz contigo, porque me llenas en todos los aspectos, me complementas y sacas lo mejor de mí.

Es normal tener dudas, eso implica que pensamos. Pero no podemos dejar que las dudas o el temor nos paralicen, tenemos que seguir adelante trabajando por resolver nuestros interrogantes al mismo tiempo que seguimos con nuestra vida. Con esto, lo que quiero decir, es que las dudas no se resuelven cuando nosotros queremos, sino cuando ha llegado el momento de resolverse. Obviamente, nosotros también tenemos que poner algo de nuestra parte y pensar, analizar, valorar y sacar nuestras conclusiones. Pero siempre desde el orden, nunca desde el caos.

En realidad, a donde quiero llegar es a que no te sientas presionado por tomar una decisión. Decidas lo que decidas, no te precipites. Utiliza el tiempo que necesites para resolver tus dudas, al menos las más importantes. Y plantéate que decisiones tomas, si eres consecuente con ellas y, si no lo eres, por qué no lo eres. Muchas de nuestras respuestas están ahí: si sabemos que deberíamos hacer algo y no lo hacemos, es porque algo más fuerte nos tira hacia otro lado.

Sea lo que sea y, por terminar. Decidas lo que decidas y, hagas lo que hagas, respetaré tu decisión e intentaré que todo sea lo más fácil posible para los dos. El que haya momentos en que no comparta lo que tu piensas, no evita que respete tus decisiones. Como bien dijiste el otro día, nadie puede decidir por tí.

El fin de los sentidos o el sinfín de sensaciones… el poder del sonido

  • Te oigo respirar, alterado, junto a mi oído. Me excita escucharte así. Es como el sonido del mar cuando las olas lo vuelven desapacible. Me gusta porque sé lo que viene después. Eres silencioso en general y, precisamente por eso, cada uno de los pequeños ruidos que salen de tu boca se convierte en apasionante para mí. Jadeas, gimes tímidamente y, bastante a menudo, suspiras.
  • Tú suspiras, yo suspiro, nosotros suspiramos. ¡Cuánto significado en cada suspiro! Suspiros de deseo en su mayoría. Suspiros de y con ansiedad. Suspiros que significan cosas unas veces descifrables y otras muchas encriptadas. Pero siempre, suspiros que me provocan y provocan reacciones en mí.
  • La fricción de nuestros cuerpos también produce sonidos. Más livianos, difícilmente perceptibles en ocasiones y otras más contundentes. No sueles ser muy hablador, pero ayer, cuando me pedías que te mordiera más fuerte, me ponías como una moto.
  • El agradable silencio después de la tempestad también me resulta muy atractivo. Me acurruco junto a ti. Me gusta, con tu respiración aún alterada, escuchando los latidos de tu corazón, feliz, sonriente y sin necesidad de palabras. Algunas veces la gente menosprecia los silencios porque los considera incómodos. Sin embargo, disfrutar de un silencio puede llegar a ser tan importante como deleitarse con la mejor obra de jazz. Muchas veces, en la tranquilidad de ese silencio, me quedo dormida hasta que tu voz me saca de mi sueño. Y no lo cambiaría por nada del mundo. Aunque sea para irte, me encanta abrir los ojos y que estés ahí, como si hubieras estado velando por mi bienestar.
  • Te debo tocarte algo, y quiero hacerlo. Quiero que oigas esa parte de mí. No sé si te gustará o no, porque yo estoy torpe y mi piano está desafinado, pero seguimos siendo yo y mis teclas. Quiero enseñarte más de mi, que me oigas más, que me sientas más. Al fin y al cabo, el oído es, de los cinco sentidos, uno de los más importantes, por no decir el que más…

(Todo lo que mis cinco sentidos perciben de ti es maravilloso)

¿Tontos o locos? (yo incluída)

 

1) Un vecino me pregunta si conozco a alguna mujer a punto de parir en Zaragoza, porque unos amigos suyos necesitan una para un spot de publicidad. Como pagan 4000€, me ofrezco a que me embarace. Desgraciadamente, no hay tiempo :(

2) ¡Atónita me quedo! Mi jefe me envía dos mensajes con ideas para campañas de publicidad cerca de las 10 de la noche. ¿Este tío está tonto o qué le pasa? Noooooo, es el Bobo de Coria, ni porrero ni mamporroro, pero, sin lugar a dudas, "El Bobo".

3) "Oye, tu estado del Facebook ¿lo pusiste por mí?", me pregunta mi ex, que justo ahora acaba de llamarme. Tras la sopresa incicial - ¿de cuál de mis estados me estará hablando?-, descubro que es uno que copié a otra persona. Así que le contesto… "no, es un fragmento de la Habanera de la Ópera Carmen", mientras pienso, "esta se la come doblada, con lo mucho que presumía él de su gran formación musical y de que yo no le llegaba ni a la suela de los zapatos".

4) Estos últimos días estoy muy torpe. O, si no lo estoy, al menos me siento así. Bueno, cierto es que puedo echarle algo de culpa a las migrañas y, en parte es así. Pero por otro lado, estoy torpe porque se me acumulan las cosas de nuevo. Y, sobre todo, porque tengo que ponerme las pilas ya, que estoy muy muerma…

5) Querido, me desconciertas. Unas veces te veo radiante conmigo y otras tan triste… Pero últimamente en ocasiones me siento como si me estuvieras poniendo a prueba, o como si esperaras algo de mí en un momento determinado…, en fin, consigues hacerme sentir insegura. A veces tengo la sensación de que te escapas, de que intentas alejarte de mí… y otras te siento tan cerca que podría abrasarme.

Sabes… me voy a dormir con estos dos pensamientos…

Me gustas

Me encantas

Me gustas

 

Cada día que pasa sigue creciendo mi admiración por ti. ¿Sabes?, creo que mi inconsciente anda buscando algo en ti que no le guste, algo a lo que agarrarse para tomar la famosa decisión.

Pero no, cada día me admiro más por tu forma de ser. Y no es sólo un tema relacionado con el sexo, me gustas porque te gusta la cocina, me gustas porque te gusta la música, me gustas porque eres generosa, me gustas porque a la primera (o cómo mucho a la segunda) sacas el lado positivo de cualquier cosa, me gustas por tu sonrisa, me chiflas por tu energía, me gustas porque me provocas y me retas, me gustas cuando hablas y cuando escribes, me gustas porque me haces sentir cómodo, me gustas por tu filosofía de vida, me gustas por tu perseverancia, me gustas por tu inquietud, me gustas por tu fortaleza, me gustas porque podemos hablar de cualquier cosa, me gustas porque nos reímos…

Y sí, también tiene que ver con el sexo, me gustas porque siento tu deseo en lo más hondo de mi cerebro, me gustas porque me buscas, me gustas porque me encuentras, me gustas porque te busco y te encuentro, me gustas porque parece que a veces lees mi inconsciente, me gustas porque no le das importancia a cosas que para otros son importantes, me gustas porque siempre quieres más, me gustas porque rompes mis esquemas, me gustas porque siempre parece que me tienes ganas, me gustas porque siento que cada vez puede ser mejor…

Sé que me gustas por muchas más cosas, pero has llegado, y quiero estar contigo aunque sea virtualmente.

Uhm. Creo que me gustas

Ya vienen los Reyes Magos…

Cuenta Rebeca que, como los Reyes Magos no existen pero a ella le gusta creer que sí, este año les ha pedido una serie de regalos. Al primer rey, una varita mágica. Al segundo, unos polvos mágicos. Y, al tercero, que la varita y los polvos le dieran felicidad.

Lo que ella no sabía cuando pidió esos regalos es que, aunque los reyes no sean magos ni tan siquiera existan, a veces, con desear las cosas, basta para que estas sucedan. Y, el día previo a la noche de Reyes, un apuesto caballero apareció en su dormitorio portando una varita mágica.

La varita, que muchos osarían llamar la “varita del amor”, venía cargada de deseo, pasión  y necesidad de calor humano. Tan generosa como de costumbre, Rebeca decidió que qué mejor manera de empezar el año que deleitándose con los placeres de la carne haciendo al mismo tiempo una buena obra: relajar las tensiones de un pobre bicho veloz. Vio así pues, su primer deseo cumplido: una varita mágica, con propiedades ciertamente curativas. Sí, puede que algo pringosa, pero… adorablemente pringosa.

Sin embargo, aún le quedaban dos regalos más, uno por rey. Y llegó la hora del segundo, que, como el primero, venía impregnado de un agradable y varonil aroma. Los polvos mágicos salieron disparados rápidamente de su continente y atravesaron su cuerpo en dos como una espada. Gritó de placer mientras pensaba que menos mal que quería tomarse las cosas con calma…

Y, con el tercer rey, llegó la guinda de los regalos. La felicidad. Podríamos entrar en demagogias sobre si la felicidad existe o no existe, pero no tiene mucho sentido: lo dejamos en que le llegó la felicidad relativa. Está claro que sumar varita+polvos mágicos, sólo puede traer ese resultado, si no, ¡menudo fiasco!. Y, como manda la tradición, a uno por mago da para bastante satisfacción…

            ******************************************************

Rebeca ha visto a su amigo Edu y ha cambiado la dirección del post.  Se ha reído tanto que le duelen las mandíbulas. Él ha estado a punto de quedarse dormido, pero ella prefería estar sola, le apetecía escribir,  y le ha soltado un sincericidio de esos de los suyos: “te diría que te quedaras, pero las dos camas están llenas de semen”.

Risas, risas y más risas. Y después más risas…. Y más hasta el infinito. “¿Me quedaré pegado?”, le preguntó, pero ninguno de los dos podía parar de reírse. Edu llevaba un sombrero, a Rebeca le quedaba bien. Pero Edu no quiso dejárselo por si se lo devolvía blanco. Más risas.

Le gustó ver a Edu. Le gustó lo que dijo, que la veía radiante, activa, enérgica. Le gustó que le gustara y le gustó porque le gustaba quien era.

Habían estado escuchando a Janis Joplin en el antiguo tocadiscos setentero de Rebeca, fumando un porro y bebiendo un Santa Teresa sin parar de reír. Suena bien el aparato, pensó, mientras también pensaba en que nunca lo había encendido con Jon. También aporrearon el piano. Curiosa sensación.

A Rebeca también le gustó poder encontrarse con uno de sus amigos con menos prejuicios. Se pusieron al día de todo. Edu sólo juzgó su cara: “se te ve feliz, tía… aprovéchalo mientas dure.” También observó cómo la miraba con satisfacción y con cierto deseo… “estás espléndida”.

Hablaron de los Reyes Magos. Y de que no existían y que eran los padres. Después, Rebeca le contó que a ella le habían traído tres polvos, uno por rey, y Edu le dijo que mal hecho, que en realidad los Reyes Magos no eran tres sino cuatro… y que así ya tenía para tres meses…

Llegó el momento de la despedida. Edu le dijo a Rebeca que era la primera mujer que le abrazaba en el 2009. Rebeca se emocionó y le dio tres o cuatro abrazos más… así Edu tendría hasta abril…

Me ha encantado la noche de hoy… Y el amanecer, y el mediodía, y la tarde…. Soy mucho más feliz desde que te conozco.

Me encantas.

Centrifugar o no centrifugar…

 

Es mi hora habitual de escribir posts, así que, para ser fiel a mis costumbres y, con grandes dosis de marihuana en vena -antes tuve que acostarme de lo fumada que estaba- me propongo escribir un post que me acompañe mientras sigo intoxicando mis pensamientos con hierbas psicotrópicas.

Como suele ser una constante en los últimos días, esta jornada de sábado está resultando muy distinta de lo previsto. Cambios de planes, como no, en parte por culpa de los aviones. Pero, dejando aparte calamidades aéreas -que no catástrofes- lo cierto es que todo esto me ha permitido dedicarme el día a mí misma.

Lo primero, descansar. Dormir hasta reventar. Buen punto, lo necesitaba. Lo siguiente, no pensar. Cocinar, escribir, jugar al parchís, cantar, comer,  tocar… todo lo que me apeteciera menos pensar, dedicándome a los placeres de la mente y la carne, totalmente hedonista, onanista viciosa, sin dejar que una sola neurona revoloteara sin control por ningún campo que no me diera placer.

Tú, en mis pensamientos, casi como una constante. Una de mis fuentes de energía, hasta cuando estás bajo de pilas y aunque tú no te lo termines de creer. Me gustas, me gustas mucho. Consigues que olvide mis prejuicios, mis miedos, que sea yo misma y también has logrado que me deje llevar contigo, perdiéndome por placeres infinitos…

Estoy empezando a desvariar, lo sé, pero me gustaría decirte muchas cosas y no me salen, se me embarullan. Quiero estar contigo y al mismo tiempo me asusta esta situación, creo que eso es lo que a veces me ha estado bloqueando.

Puede que te parezca una insignificancia, pero me gusta estar así de sensible a tí, a tus caricias y tus besos, a tus miradas y a tus palabras… No estoy receptiva en general, lo estoy contigo, y eso hace que te disfrute mucho más. Me encantas. Y me encanta sentirme así.

Eres inteligente, mucho. En ocasiones me tengo que esforzar para conseguir estar a tu altura y en otras me divierto jugando contigo. Eres divertido, consigues arrancarme sonrisas incluso cuando parece imposible y, en ocasiones, hacerme reír hasta que se me salten las lágrimas.

Eres erótico, pasional, arrebatado, felino y, a la vez, cariñoso y suave. Te anticipas a mis deseos y me sorprendes y, al mismo tiempo, consigues que desee cada vez más. Me abrazas y siento cada milímetro de tu piel, te huelo, te beso y te toco y me encanta sentirte tan cerca de mí.

Me gustan tus ojos cuando me miras, brillantes, pícaros. Tus labios, carnosos, incitándome al pecado. Tu cuello, tan suave. Tu cuerpo, en general. Todavía me acuerdo lo mucho que me gustó la primera vez que te ví desnudo y tu cara de incomodidad al ver que te miraba con aprobación y deseo.

Tus caricias me provocan, lo has notado. Consigues ponerme la piel de gallina con tan sólo rozarme. Y eso es porque me atraes mucho.

"Estar o no estar contigo es la medida de mi tiempo". Intento que no sea así, me esfuerzo, pero es verdad, muchos de mis pensamientos tienen que ver con estar contigo, porque me fascina. Adoro no hacer nada contigo, disfruto paseando, comiendo, cocinando, haciendo el amor y después durmiendo, fumando porros o bebiendo mojitos.

Me gustas tú y estar contigo, con tus circunstancias, con tus compromisos. Me gustas porque eres excepcional y una prueba de que lo eres es que me haces sentir la mujer más maravillosa del mundo.

Y, lo único que me pesa de todo esto es no poder pasar más tiempo contigo.

 

Hay una cosa que te quiero decir…

 

Puede que nuestro reencuentro no saliera como esperábamos, pero, a pesar de los percances, fue una tarde especial para mí, aunque no lo creas. Es algo difícil de explicar, pero sentirme tan bien estos días contigo ha hecho también que, sexualmente hablando, empiece a ser quien soy y a sentir las cosas que espero sentir.

Supongo que me sentía bloqueada y por fin me he liberado, al menos un poco. Y te aseguro que todo ese "saboreo" y redescubrimiento de sensaciones extasiantes resultó fabuloso.

Te tengo muchas ganas…