Contigo en la distancia

Estoy lejos de ti y no me gusta, porque te echo de menos, te deseo y te anhelo. Tus mensajes me hacen vibrar y me frustran porque no estás a mi lado. Tengo ganas de verte, abrazarte y besarte pero, por otro lado, me asusta pensar en el reencuentro porque, como siempre, no tendremos bastante tiempo.

Nunca pensé que podía existir un hombre como tú. Jamás imaginé que me enamoraría de tí: no sabía que podías ser real. Y ahora que sé cómo eres y he descubierto lo feliz que soy contigo, no puedo evitar que seas el centro de mis pensamientos…

Tic tac…

Me resulta difícil expresar con palabras lo bien que me haces sentir. Han sido meses, semanas, días, instantes que cada vez se me hacen más intensos y gratificantes. Y, cada uno de ellos, es como una nueva sorpresa.

Simplemente el hecho de encontrar a alguien con quien estar tranquila y con quien hablar de todo lo que se me pasa por la cabeza, sin preocuparme de si te sentará mal o bien, supone una novedad para mí. Puede que suene absurdo, pero de entre todas las cosas que me parece estar viviendo como la primera vez, una de las que más me gusta es esa, la paz dentro de la pasión.

Porque ese es otro de los puntos que me tienen fascinada de ti (de los interesantes, además). Estos últimos días contigo han sido una auténtica revelación. Para ser un chico "aburrido" del sexo, tienes mucho más entusiasmo del que han demostrado -tristemente, ahora que he visto lo que me estoy perdiendo- todos los hombres que han compartido esta clase de experiencias conmigo.

Puedes creerme si te digo, aunque parezca lo contrario, que me intimidas muchísimo en todos los aspectos. Me abruma tu forma de preocuparte por mí, probablemente por la falta de costumbre. A veces me siento avasallada por tu generosidad -y no estoy pensando en el trabajo que me cuesta ser más rápida que tú al pagar-. Y, en el plano sexual, a veces consigues reacciones en mí que desconocía y que me excitan, me encantan y hacen que te desee cada día más.

Me costó relajarme en tu casa, pero una vez que lo conseguí, me sentí fenomenal. Por fin, haciendo cosas triviales contigo… beber una cerveza, tomar un mojito, ver una serie donde volaban puñaladas mordaces en tu compañía y no nos olvidemos de esos vídeos de jazz de después de cenar. En fin, a veces pienso que me conformo con poco y otras, lo mucho que puede llegar a ser ese poco.

Siento que me aportas muchas cosas. Supongo que debería estar preocupada, inquieta o, cuanto menos, algo incómoda por la situación. Pero no lo estoy. Sólo sé que en estos momentos me gusta, me encanta, me fascina estar contigo. Y con eso me basta.

Insomnio

 

No me puedo dormir. Lo primero que pienso es "vaya mierda". Lo siguiente: tranquilidad, baja, hazte un porrito, escribe algo y ya verás cómo con la cabeza centrada consigues conciliar el sueño. Bueno, ya tengo el porrito liado y, de momento, el único pensamiento que aparece es que me duele la boca… ya se sabe, tantos días sin ortodoncia hace que ahora me resulte un poquillo dura… ¡para estar guapa hay que sufrir!

Y, sin sueño (por más que las verdes sustancias intenten inducírmelo)  veo que no se me ocurre cómo escribir. La palabra que me define en estos momentos es, sin lugar a dudas, "difusa". (3. adj. Vago, impreciso). Han sido unos días muy tranquilos y al mismo tiempo muy intensos, que me han movido muchas sensaciones contradictorias.

En circunstancias normales, me parecería estupendo querer más. En las actuales, prefiero no pensar. Es cierto que me dan igual tus compromisos y tus condicionantes, pero también es impreciso. Están ahí y los asumo, pero me jode muchísimo no poder hacer contigo lo que quiero y cuando quiero, me fastidia enormemente ese halo de clandestinidad que rodea todos nuestros actos pero no es menos cierto que en el fondo, me siento protegida por la situación.

Vengo de pasar cinco días contigo maravillosos, y quiero tener más. Y cada día eso me preocupa más. Que todo me parezca poco, que mi vida haya cambiado tan radicalmente en tan poco tiempo, me provoca escalofríos. Y te aseguro que me asaltan muchas dudas acerca de lo que estoy haciendo, sobre si será o no lo mejor para mí, si no sería todo más fácil  si me olvidara de tí y buscara un sencillo chico soltero y sin compromisos.

Entonces te veo, tal y como te tengo en mi cabeza, con esos ojos brillantes y esa sonrisa, callado, reservado y comunicativo al mismo tiempo, una contradicción de cabo a rabo, y mando a la mierda mis pensamientos y mis dudas. Y, cuando mi mente te abandona, vuelven a aparecer, una y otra vez…

Quiero quedarme con los paseos bajo el frío Amsterdam, tu olor al despertarme, los Santa Teresa en un sofá desvencijado y los porritos "globito" pero, francamente, cuanto más tengo, más quiero de ti…

Tenía razón, ya me ha entrado el sueño. Me quedo con eso. Quiero más de ti…

 

En el aeropuerto

 

Jon me dice besos. Sí tendrá caradura. Já. Facilito me lo pone para empezar y encima se ríe el muy jodido. Yo sólo le pedí que dijera una palabra, y va y me dice besos. Y además no para de dármelos con lo cuál me pone un podo difícil esto de darle a la tecla, pero lo  creas o no, mientras estoy tecleando esto, le estoy besando…. Creo que es porque no puedo parar…por mucho que le bese siempre quiero más, y más y más y muuuuuchos besos mássss….

Besos, besos por doquier, en una esquina de la calle con un poco de luz de sol, debajo de una farola, a la hora de comer, de beber, paseando, hablando, riendo, o simplemente tumbados. Besos de todas formas y colores… y sabores, besos que saben a bocadillo en la calle, a kebab, a hierba de gran calidad. Besos infinitos en un tiempo finito. Besos con Rebeca.

Te busco al abrir los ojos, te busco antes de cerrarlos. Busco sentir la suavidad de tu cuello o tal vez el calor de tus labios. Me despierto y te veo lejos, pero te busco y te acercas. Tu busco, te encuentro, me pierdo, me pierdes, te pierdo… El frío se convierte en calor y el calor no se enfría… padezco el efecto sopa de tomate….

Cuerpos frios que se calientan con caricias. De hecho, el placer de pasar frio para convertirlo en calor debajo de las sábanas. Calor, humedad y deseo. Kilómetros de caricias por su piel, siempre buscando un trocito MÁS que acariciar, buscando su boca, sus brazos alrededor mío, su respiración… que bella forma de entrar en calor.

Le gusta colarse en el baño mientras me ducho. La primera vez que lo hizo perturbó, me pareció que invadía parte de mi espacio. Pero enseguida desapareció ese pensamiento. En la ducha, en la calle, en la cama, en la oficina, me encanta que me turbe y que me perturbe, alterarle, mecerle, acompañarle, dejarme llevar o, mucho más simple que todo eso, simplemente estar, sin que nada ni nadie, ni tan siquiera el puñetero Cronos, nos intimide y entorpezca por unos días. Calor, frío, besos, caricias, humedades, sin tiempo.

Y siempre algo acompañándome, constantemente, no era el frío porque teníamos calor a veces, no era el hambre porque comíamos cuando nos placía, no era el colocón porque a veces estábamos serenos. Lo que siempre estaba ahí, constantemente, era su sonrisa, paseando conmigo, dándome fuerzas. Y sus ojos, esos precioso ojos que al principio pueden pasar desapercibidos, pero cuando los miras detenidamente, le coges vicio, cómo casi todo en ella.

Jon en Amsterdam es como uno de esos deliciosos panecillos calientes de desayuno… Cálido, crujiente, con su queso fundido chorreando, aromático, especiado y especial… puedes comértelo de arriba a abajo y no dejar ni rastro, pero no te preocupes, siempre te comerías dos más. O tres, o cuatro. En realidad, no es que te quieras comer a 4, sino que te comerías el mismo cuatro veces de lo rico que está. Aunque, si lo pienso friamente, no sé si me habré pasado con la comparación… Jon está infinitamente mejor!.

Ayer por la noche me quedé con ganas de decirle algo a Rebeca, mis condiciones mentales de ayer estaban muy lejos de la normalidad. Ayer, cuando estábamos en la cama, me di cuenta de algo. Ella me preguntó un par de veces si me pasaba algo, pero era incapaz de articular palabra. Ayer me di cuenta que Rebeca es la mujer de mis fantasias. Siempre desee tener a una mujer cómo ella a mi lado, fuerte, energética, caliente, cariñosa, alguien que no planificara todo y se dejara llevar. Fue un tanto fuerte la revelación: ¡estar en la cama con la mujer de tus fantasias!. En cierto modo me abruma demasiado, quizás esas fantasias eran demasiado para un tipo cómo yo.

Lo peor de alguien como Jon es que lanza la piedra y esconde la mano. Es decir, ayer me dice que siempre había soñado con una mujer como yo, hoy me dice que sus fantasías son demasiado para un tipo como él. Tal vez no se plantea que, por un lado, a mí también me gustaría saber exactamente en qué consisten esas fantasías y, en segundo lugar, no sé si ser -o no ser- la fantasía de alguien es bueno o no para mí… ¿coincide la fantasía con la realidad? y, aún coincidiendo, ¿es grato el resultado? Sea como sea, siempre me ha gustado ser alguien de carne y hueso y no sólo una fantasía, algo que sólo existe en la imaginación….o tal vez, puede que en algunas ocasiones fantasía y realidad sean lo mismo. En fin, demasiada Kandinsky Haze…..

El encontrarte a una fantasía tranformada en carne y hueso es, sin duda, bueno. ¿En que consisten las fantasías?, pues hay de todo, siempre quise estar con una mujer inteligente, activa, determinada, inquieta, con proyectos… Una mujer bella, con una preciosa sonrisa y un cuerpo deseable. Una mujer caliente, que me demostrara su deseo… amén de otras mil cualidades que he ido descubriendo con el paso de los días. Resumiendo, tú eres de carne y hueso y cumples la fantasía de mujer que imaginé.

Uhm… En estos momentos soy una mujer llena de sacos. Sacos de tiempo, sacos de dudas, sacos de preguntas que quiero hacer y sacos de respuestas que no quiero saber… sacos de problemas, incluso sacos de patatas!. Vuelvo de vacaciones y maldita la gana que tengo de volver. Jon es indescriptible. Nunca he sido de tener fantasías, asíq ue nunca ha sido objeto de mis pensamientos fantasiosos -no al menos en la línea en la que creo que apuntaba él- Pero, lo cierto es que, si no le secuestro, es porque no se deja. ¿Volamos a Pekín?

Abrazos

 

Parece que últimamente la inspiración me falla de nuevo, y no es que no tenga temas de los que hablar, más bien al contrario, pero debido a la velocidad a la que vamos me resulta difícil pensar en profundidad sobre las cosas. Y eso me fastidia porque es cómo si me hubiera acomodado y conformado con el ejercicio mental de buscar tiempo para que pasemos juntos y no diera para más mi cabeza.

No quiero caer en esa inercia, y haces bien pidiéndome que escriba, así que hoy te hablaré de otra de las cosas que me encantan de ti: los abrazos. De nuevo he de decir que no recuerdo si alguna vez he dado o recibido abrazos de la forma en que lo hago contigo. Descubrí este nuevo placer el domingo que siguió a aquel viernes en el que diste el paso que querias dar. Al principio no fui consciente de que te estaba abrazando, lo hice porque quería transmitirte de alguna forma las ideas que no salían por la boca, ya sabes lo que me cuesta hablar en tu presencia. Quería decirte con mis abrazos cosas cómo "ánimo guapa, has hecho lo mejor para ti", o "por favor, cuenta conmigo y pídeme lo que necesites", o "me duele tanto el alma al verte tan triste", o "te mereces lo mejor del mundo, eres increíble"…

Desde ese día soy consciente de que te abrazo mucho más, (aunque el abrazo me salga inconscientemente), y siempre con una idea detrás: "te deseo tanto que no quiero separarme de ti", o "perdona que se me haya ido de nuevo la cabeza", o "me angustia no poder darte más", o, simplemente "me estás haciendo muy feliz".

Sea cual sea el motivo del abrazo, lo que es común es que me disfruto mucho con la sensación de tenerte pegada a mí, me gusta sentir tu abrazo, tus besos ocasionales en mi cuello y, sobre todo, esos sonidos que haces cuando disfrutas de algo.

Y, sinceramente, ahora me gustaría poder estar abrazándote.