No te preocupes

 

Te preocupa hacerme daño y a mí me preocupa que te preocupe. Doy por hecho que, a priori, no tienes ninguna intención de hacérmelo y que, por tanto, probablemente sean las circunstancias las que me hagan daño y no tú. Por tanto, no deberías preocuparte.

Soy muy consciente de todo lo que implica estar contigo y sé que en un momento dado, el incierto rumbo que llevamos me lleve a algún punto que no me guste pero, si lo miras fríamente, eso te puede pasar en cualquier relación con cualquier persona. Aunque suene muy banal ¿quién sabe lo que deparará el futuro?

Es cierto que siendo realistas, la situación es, cuanto menos, complicada. Y, sin embargo, me resulta mucho más bonita, apasionada y placentera que otras que se han dado en ambientes y/o momentos aparentemente más idóneos. Así que… ¿por qué preocuparse por algo que aún no ha pasado y que no sabemos si pasará?

Pero, te digo esto al mismo tiempo que tengo mis propias preocupaciones con respecto a tí. Me preocupa mucho, muchísimo, que te metas en un lío. Y me dirás "ná…", pero yo puedo evitar pensarlo. También me siento responsable de haberte arrastrado a esta caótica situación, porque dos no se lían si uno no quiere.

Pero, lo que más me preocupa es que llegue un día en que, posiblemente queriéndote, decida desaparecer antes que tener que pedirte que tomes una decisión y, te haga daño.

00:42:47

 

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos llenos de palabras, pero de palabras vacías.

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos colmados de preguntas cuya respuesta no quiere entender.

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos que me dejan, en el fondo, con la sensación de haber hecho lo correcto.

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos que ya estaba necesitando.

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos que me liberan y, de rebote, me acercan más a tí.

Sin embargo, yo prefiero pensar en "15 segundos, a todas, luces insuficientes", pero siempre intensos.

Quiero volar

 

Llevo unos días un tanto meditativa, dándole vueltas hasta al color de mis calcetines.  Hoy he caído en el por qué de este autobombardeo mental y, aunque en parte me ha disgustado un poco la respuesta, tengo que reconocer que, en el fondo, me encanta.

Una vez hablé de lo que me gustaba la gente que volara. Hoy me he dado cuenta que, el volver a volar me ha hecho recuperar unas sensaciones que me fascinan. Y no hablo de volar sólo en el sentido más corpóreamente arrebatado, sino de otros vuelos que están llenando mi vida de momentos etéreos. Subirme a un escenario de nuevo, fue volver a volar: olvidarme de mí y dejarme llevar, tan sólo sentir…

También está escribir, aunque no escriba más que un post tras otro sobre cosas que no me atrevo a decir abiertamente. La escritura como fuente de sabiduría y arma de liberación es buena para los cerebros lavadora-centrifugadora.

Pero, debo decir que mientras que los vuelos metafísicos (música y literatura) no me provocan ningún quebradero de cabeza, los disfruto y punto, los corpóreos me dan más cosas en las que pensar. Sé que hoy he estado un poco… uhmmm ¿especial?, pero el contraste del primer amago de vuelo con mi primer fin de semana (al completo) de soltera y sin compromisos me ha resultado muy extraño, mucho, demasiados pensamientos, demasiadas ganas de estar sola.

Me alegro mucho de echarle de menos mucho menos de lo que esperaba pero, aún así, le echo de menos, aunque apenas tenga tiempo libre (me encargo de que sea así, para no pensar y sacar ese pensamiento de mi cabeza.). Y con eso acechándome, tú, perenne, brillante. Un ahora fascinante que cada día se hace más intenso y más corto. Un pequeño vuelo inesperado que me dejó KO durante muchas horas. Imagen. Suspiro. Sensaciones. Imagen y vuelta a empezar.

Hoy he estado un poco punzante con el tema del tiempo y que si no tenemos más es por tí…bueno, hoy me sentía especialmente frustrada por nuestra relación con Cronos, pero en el fondo creo que las cosas ya van por sí mismas bastante rápidas… Esta mañana no podía ni mirarte porque lo que más deseaba era acercarme a tí, poder tocarte y besarte.

Te deseo mucho, una barbaridad, y me duele no estar del todo contigo. A veces tengo que hacer serios esfuerzos por volver de dónde quiera que esté, pero, como todo, es cuestión de tiempo…

Y te he echado mucho de menos, a tí y a nuestras conversaciones, me gusta hablar contigo.

Esas dos cosas me estuvieron seduciendo todo el fin de semana… "¡pero si le acabo de ver!", me decía, pero me ha costado mucho sacarte de mis pensamientos. Tengo claro que quiero ver qué pasa si volamos juntos, pero por otro lado… me aterra. Me gustas tanto…

Volar es un vicio, una vez que lo pruebas, sólo quieres repetir…. y es tan difícil encontrar bichos voladores…

Aquella noche

 

Han pasado unos cuantos días después de aquella noche, pero aún la tengo presente. Llevo casi todas esas horas intentando asimilar lo que pasó, aunque al final lo haya dejado por imposible. Es tal el cúmulo de sensaciones y sentimientos en tan poco espacio de tiempo que, mejor que entenderlo, quiero disfrutarlo.

Sí, yo también tenía muchas ganas de que saliera todo bien, pero, hasta ahora, tener ese pensamiento presente en mi cabeza hacía que me dispersara y no me centrase en lo realmente importante. Cuando te vi entrar por la puerta del bar supe que esta vez iba a ser diferente, creo que nunca antes te había deseado con tanta fuerza cómo en ese momento, y eso que llevaba todo el día deseándote intensamente.

Pero estaba equivocado, me demostraste con tus besos en el bar que siempre puedo desearte más, y ahí empezó una ligera sensación de vértigo. En ese momento me abandoné, no quise pensar en qué hacer para que todo saliera bien. Me abandoné a las caricias de tus dedos en mi cuello y espalda. Me abandoné a tus intensos besos. Me abandoné al tacto de tu piel en mis dedos. Me abandoné a tus miradas.

Luego, a solas los dos, hubo momentos en que mi cabeza me quiso joder, pero esta vez no pudo con la suma de todas esas sensaciones. Y sí, el viaje fue muy intenso. Y lo mejor fue que después de ese viaje, aún tenía más ganas de ti. Cada beso, cada caricia me transportaba aún más. Quizás te suene exagerado, pero creo que en una ocasión casi me desmayo, sujetaste mi cabeza en el momento en que me estaba dejando caer. Te sentía dentro de mi médula espinal, erizabas mi piel y mi cerebro, me notaba a punto de levitar, y la sensación de vértigo se hizo tan intensa y real que me asusté. Fue ese miedo el que me hizo salir precipitadamente de tu casa, era consciente de que si seguía allí contigo no hubiera querido marcharme nunca.

"Es lo que sucede cuando aprendes a volar", me dijiste. Y por fin fui consciente de lo que puede significar volar.

Las siguientes horas fue cómo estar en una especie de sueño, me movía por inercia ya que mi cabeza no estaba con mi cuerpo. Durante el viernes y el sábado sólo recordaba e imaginaba. Imaginaba cómo sería estar en esa ciudad contigo sin límites de tiempo. Te imaginaba conmigo en aquella buhardilla del hotel, llenando la cama de besos, caricias y sexo. Te imaginaba paseando conmigo por aquellas calles. Te imaginaba conmigo en los bares, fumando y disertando. He vivido dos días soñando (despierto) contigo, con mi cuerpo en una ciudad desconocida y la mente a tu lado.

Y ahora empieza de nuevo una semana, y no quiero pensar en qué va a suceder ni en las expectativas. Sólo necesito que me mires, me beses, y me sonrías.

Cuenta atrás

 

Ya queda un porro menos, sólo 45, para volver a verte. Siempre el tiempo acechando, hostigando y castigando pero, a la vez, demos gracias al tiempo que tenemos y que disfrutamos.

No consigo dejar de pensar en tí, es como si me hubieras embrujado. Cada vez más, el tiempo que paso a tu lado se me hace más corto y más escaso, pese a que cada vez más ambos encontramos tiempo a menudo.

El jueves sólo tenía un pensamiento en mi cabeza: quería que esa noche me dejara con buen sabor de boca. Puse todo mi empeño en ello y, me dejé llevar en la medida de lo posible. Ahora veo que, al menos por mi parte, sobrepasé mis expectativas.

No puedo, ni podría aunque quisiera, expresar todo lo que sentí el jueves. Demasiadas sensaciones para ser descritas con palabras. Y peor aún, lo que siento al pensar que el jueves no estaba, ni de lejos, al 100×100, con algunos fantasmas merodeando a mi alrededor.

Me pregunto qué va a ser de nosotros. Siento cosas que se me escapan. Vivo con la sensación constante de querer algo que nunca llego a alcanzar, porque cuanto más tengo, más quiero. Y cuanto más quiero, más miedo tengo: miedo a tener más, miedo a querer más, miedo a que desaparezcas…

Siento que esto me marea, me confunde, pero al mismo tiempo me sobrepasa. A veces desearía ser capaz de tirarme en marcha y abandonar, pero no quiero hacerlo.

Va muy rápido y, cada día que pasa un poco más. Te dije que me gustabas más los domingos porque era el día más "normal" y, probablemente sea porque no hay esa sensación de velocidad.

Cada vez me cuesta más reprimir mis gestos espontáneos contigo, tener que ocultarme como si estuviera haciendo algo malo. Y entonces intento recordar que debo ser paciente, pero es difícil serlo cuando todo gira a mil por hora a tu alrededor. Es duro tener que reprimir constantemente lo que sientes.

Ojalá todo fuera más fácil… y tú estuvieras aquí.

Jo

 

¡Qué poco dice y cuánto puede decir la palabra "jo"!.

Un suspiro, con un monosílabo contundente, fue el miserable intento de expulsar el cúmulo de sensaciones que me ahogaba. Me resulta difícil describirlo con palabras. Estaba mareada, aturdida. También, por supuesto, extasiada. Estaba de vuelta de un viaje muy intenso. Y notaba tu cuerpo cálido a mi lado, deseado, deseoso y deseable y, me sentía un poco avergonzada por mi comportamiento. Esa es mi parte tímida, al fin y al cabo, nuestras tensiones nos impiden conocernos cómodamente en ese sentido y me entran las dudas sobre si no me habré pasado de la raya.

Pero todo eso, en el fondo, da igual. Consigues excitarme sólo con rozarme y haces que sea yo misma en cada momento, incluso en mis pensamientos más tontos.

Me siento muy cerca de tí, pero, al mismo tiempo, siento miedo. Ayer hablabas de vértigo. Yo de mareos, sensación de levitación. Me fascinas, pero temo lo que provocas en mí, temo quererte y no poder tenerte y temo que esto no sea más que un espejismo.

Me envías un sms. Al final, has ido a dónde querías. Me alegro por tí, pero me jode, porque me hubiera gustado estar allí, contigo, pensando en verde, viendo girasoles y paseando por campos de tulipanes. Es lo que hay. Tarde aburrida. Vuelvo a casa y enciendo el ordenador. Pum! Fase lapidaria: "ojalá estuvieras aquí". Me quedo blanca. Empiezo a sentir mareos, la sensación de que todo se me va de las manos y de cómo en ocasiones me supera una situación que jamás imaginé vivir.

"La vida es muy difícil", me dijiste. Y yo te contesté "siempre lo ha sido". Yo prefiero pensar que, simplemente, tomar decisiones es a veces complicado y la vida es una constante toma de decisiones que nos alteran en ocasiones.

Tercer mensaje del día. Tiemblo. Me cuesta escribir, y eso que estaba embalada. No sé qué contestar. Pero lo hago, lo que me sale, sin pensar demasiado. Y un pensamiento me asalta: ¿habrá sentido algo tan intenso como yo?

Cuarto mensaje. Estoy muerta.

Puede

Puede que haya momentos en los que mis fuerzas flaqueen y no pueda ser coherente con mis propias palabras, pero ¿por qué no intentar  de ver el lado positivo de mi vida?

Puede ser que ahora sienta una pena tan intensa que tenga que esforzarme para hacer cualquier cosa, aunque también que esas cosas me gusten tanto, que sólo el saber que mi esfuerzo merecerá la pena, me haga olvidarme de lo demás.

Puede que haya  veces en las que desee dormir y que al despertar todo fuera como siempre he soñado, o relajarme y disfrutar de lo que tengo, aprovechando los momentos contigo en los que mi mundo se paraliza.

Puede que piense que si no tienes lo que siempre has querido y necesitado es porque realmente no quieres, sin embargo yo prefiero pensar que me encanta cómo eres.

Puede que te mire y me quede sin palabras, o que me salgan tantas que me quede muda. No obstante, prefiero sentarme a escribir sin esperar una respuesta simplemente por el placer de compartir mis pensamientos contigo.

Puede que en este instante esté deseando que estés a mi lado, para poder mirarte y tocarte y que me sepa a poco conformarme con escribir estas frases para sentirme cerca de ti.

Puede que no te diga que te quiero y que prefiera que tú no lo digas, pero ni el silencio apaga lo que estoy sintiendo…

 

Veo, veo. ¿Qué ves?

 

Mis fantasías contigo suelen empezar con una de tus miradas. No sabes -o, mejor dicho, sí sabes-, los estragos que llegan a causarme. Tienes un catálogo muy surtido: pasionales, juguetonas, retadoras… Y, aunque muchas son aún un misterio para mí, todas y cada una de ellas consiguen provocarme.

A  veces siento cómo me miras y evito mirate. Otras, sin embargo, me gusta levantar la vista y que estés ahí sonriendo, como un diablillo al que no le importa nada que le hayan pillado haciendo una travesura. Algunas de tus miradas hacen que me asalten deseos de levantarme y besarte hasta la saciedad. Y otras, sin embargo, me intrigan tanto que desearía estar dentro de tu cabeza.

Sin embargo, debo reconocer que me gusta el juego. Cada mañana me levanto y, al quitarme la ropa para meterme en la ducha, ya empiezo a pensar qué me voy a poner. Debo confesar que me pongo de lo que se me pasa más por la cabeza y más me apetece lo que creo que más miradas puede provocar en tí. No olvido mi vena práctica, pero sí, cada pienso más en "seducirte".

Tus miradas son demoledoras, tal vez por eso me cuesta tanto mantenerlas. Son directas, no se esconden. Son firmes, se mantienen pase lo que pase. Son de una seguridad aplastante. Y consiguen intimidarme. A veces siento cómo van más allá de mis ojos y se meten dentro de mis pensamientos…

Hoy te dije que tus ojos brillaban. Y es verdad, lo pienso, tu mirada resplandece. No siempre, obviamente, pero sí con bastante frecuencia. Y esa es una de las cosas que me hace suspirar. A veces, te miro y me doy cuenta de que te estoy mirando con deseo.

Me complace mirarte, aunque la mayoría de las veces lo haga de reojo y tímidamente. Ahí me ganas, yo me ruborizo con facilidad y hay ciertas cosas que me provocan bastante apuro. Aún así te miro, brevemente, cada vez que me apetece y tengo ocasión, y, sin lugar a dudas, cada vez con más frecuencia.

Me gusta ver tu cara afeitada o sin afeitar,  e imaginarme su tacto sobre mi piel. Me gusta mirar cómo te vistes porque tu cuerpo me resulta muy atractivo. Me gusta observarte sin que te des cuenta, serio y concentrado.

Pero, lo mejor de los ojos es que son capaces de transmitir miles, millones de imágenes, que después se quedan grabadas en mi memoria y que, voluntaria o involuntariamente, me persiguen a lo largo del día. Esas imágenes son las que suscitan miles de pensamientos, sensaciones, sentimientos e, inevitablemente, palabras.

Y, para terminar este post, utilizo unas palabras de La vida es sueño, de Calderón de la Barca que leí por primera vez allá por el 94. No tienen la gracia ni la elegancia de los poetas del club de los corazones oscuros, pero expresan muy bien lo que quiero decir:

"Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser;
pues cuando es muerte el beber,
beben más, y desta suerte,
viendo que el ver me da muerte,
estoy muriendo por ver.
Pero véate yo y muera;
que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me dá,
el no verte qué me diera".

 P.D. Yo también te echo de menos al escribir este post.

Contradicciones

 

Siento que mientras nuestra historia evoluciona, mi cabeza se llena de más contradicciones. Tantas, que a veces esto se me antoja un puzzle irresoluble.

Un día pienso en que me apetece pasar todo mi tiempo contigo, poder hacer y deshacer con él lo que nos plazca: comer, dormir, amar… Pero al mismo tiempo pienso que sin esa urgencia del tiempo, lo nuestro sería mentos intenso: ese acumular tensión, ese buscarnos en los momentos y lugares más imprevistos, esa limitación en todo que hace desearnos tanto.

Otro día deseo tenerte disponible sin barreras, poder acarciarte siempre que me apetezca (nos apetezca), poder sentirte y amarte cada noche… Pero al mismo tiempo me asusta que lo nuestro pueda convertirse en monotonía y que con ello acabe el encanto.

Al día siguiente desearía poder estar contigo al acabar la jornada laboral, que nos podamos mirar a los ojos y decir exactamente lo que se nos pase por la cabeza. Y a la vez pienso que no seríamos capaces de decirnos las cosas como hacemos ahora, sin estar presentes. Pienso que si desapareciera de en medio la distancia y desapareciera el blog o el chat cómo canal de comunicación, estaríamos perdidos.

Y hay días en que pienso en que podríamos ser felices juntos, pero a la vez me lastra la idea de no poder ser suficiente para ti, ya que tendré que llevar conmigo una carga (mental, moral) que no me permitirá satisfacerte.

Resumiendo, deseo tenerte lo más cerca posible, y al mismo tiempo parece que necesite tenerte lejos.

No quiero que esto suene triste, por que no lo es. Esta paja mental es debida a lo de siempre, a que no dejo de pensar, y a que me acojona todo lo que siento. Al final creo que todo se reduce a que, visto lo que siento ahora, me da miedo entregarme al 100×100.

Quizás cuando leas esto podrás entender que a veces sea torpe, son las contradicciones.

Por último, querría aclararte lo de ayer, cuando te dije que "había dormido dos horas de más". Lo que estaba detrás de ese pensamiento es que esas dos horas las quería haber pasado tocándote, acariciándote. Abrazándonos y amándonos. En ese instante me pareció una insensatez haber utilizado esas dos horas en dormir, sabiendo la escasez de nuestro tiempo juntos. Pero no pude explicarlo, la prisa me ganó. Una pena después de una noche increíble.

¿Sabes?, justo en este momento, te echo mucho de menos.

¡Maldita cabeza!

 

Por primera vez me quedé francamente triste cuando te fuíste. Dijiste algo así como "he dormido dos horas de más", te pusiste a recoger tus cosas, te vestiste y te marchaste. Yo te miraba y no decía apenas nada. También me había quedado dormida, placenteramente dormida a tu lado.

Quería decir algo, pero no me salían las palabras. El único pensamiento que estaba en mi cabeza era "no te vayas". Pero hubiera sido muy injusto ponerte las cosas más difíciles y, preferí callar. Soy consciente de que me das todo lo que puedes (a veces pienso que más de lo que debes), así que me limité a seguirte con la mirada, pensando que, a veces, las circunstancias son una mierda.

Ayer tú estabas torpe, pero yo también, mucho más de lo que es habitual en mí. Me costaba expresarme, en todos los sentidos, y no sólo porque era un día especialmente duro para mí (por otras razones, que hacían que no consiguiera ignorar ciertos recuerdos y pensamientos fúnebres que me asaltaban en algunos momentos y que intentaba ocultar, como si así pudiera hacerlos desaparecer). Sí, en parte era por eso, pero sólo en parte.

Esta mañana, al despertarme y recordarlo, me puse a pensar en por qué estaba así, por qué todo el tiempo contigo me sabe a poco y por qué no te expreso -con palabras o con actos- muchas cosas de las que me gustaría. Le he dado vueltas, créeme y,  la única razón que he encontrado es que estoy un poco desbordada por la situación. A veces pienso que se me escapa de las manos y no sé cómo manejarla.

Siento que el tiempo y las circunstancias me ponen entre la espada y la pared. A veces me comportaría de determinada forma, te diría algo en concreto  y, sin embargo, me quedo parada. Tengo miedo a ponerte en una posición incómoda, tengo miedo a "asustarte" y que desaparezcas de mi vida y, tengo miedo porque va todo tan rápido que a veces siento vértigo.

Me doy cuenta de que no estoy acostumbrada a que me traten tan bien, a sentirme tan bien. Ayer cuando me dijiste que a veces tenías miedo de tocarme o de besarme demasiado por si pensaba que sólo me querías por mi cuerpo me quedé estupefacta. Nunca se me ha pasado ese pensamiento por la cabeza, pero sí el contrario. ¿Y si piensa que lo único que me interesa de él es el morbo de la situación y pasar un buen rato?

En el plano sexual me tienes loca. Me encantas, me apasionas, me haces perder el control.Y pienso que si eso ocurre sin estar al 100×100, ¿qué pasaría si pudiera dártelo todo?.Pero, por otro lado, sé que no me apasionarías así si no estuvieran presentes otras de tus cualidades, ajenas por completo al lado pasional y que me atraen tanto.

Puede que a estas alturas te resulte difícil creelo, pero yo no suelo ir tan rápido en determinadas situaciones. (Aquí es cuando me paro buscando la sutileza). Momentos como los del otro día en tu coche, frente a la carnicería, no salen tan espontáneamente de mí con alguien a quien conozco tan poco. (¿tan poco o desde hace tan poco?). No lo pensé, la verdad. De hecho, no pensé en nada. Me dejé llevar por lo que me apetecía hacer en ese momento. Y cuando volví a casa, me sorprendí mucho de mí misma, la verdad…

Me gusta nuestra forma de comunicarnos, entre palabras escritas, palabras dichas, miradas, caricias… Mucha gente no entiende que escribiendo hay cosas que dices que jamás te atreverías a decir -o si lo hicieras, no saldría igual- si estuvieras mirando a los ojos a la otra persona. Hay veces que te escribo porque sé que si te tuviera delante, sería incapaz de pronunciar una sola palabra. Me pondría como un tomate, bajaría la mirada y te diría cualquier chorrada…

Y me encanta. Me encanta poder hablar contigo de cualquier cosa. Me encanta que seas inteligente. Me encanta reírme contigo. Me encanta cómo me siento cuando estoy a tu lado. Me encanta cómo te veo cuando estás conmigo. Tenía razón Fer cuando me dijo… "no te gustan sus cualidades, te gusta él". ¡Ains!