Mis fantasías contigo suelen empezar con una de tus miradas. No sabes -o, mejor dicho, sí sabes-, los estragos que llegan a causarme. Tienes un catálogo muy surtido: pasionales, juguetonas, retadoras… Y, aunque muchas son aún un misterio para mí, todas y cada una de ellas consiguen provocarme.
A veces siento cómo me miras y evito mirate. Otras, sin embargo, me gusta levantar la vista y que estés ahí sonriendo, como un diablillo al que no le importa nada que le hayan pillado haciendo una travesura. Algunas de tus miradas hacen que me asalten deseos de levantarme y besarte hasta la saciedad. Y otras, sin embargo, me intrigan tanto que desearía estar dentro de tu cabeza.
Sin embargo, debo reconocer que me gusta el juego. Cada mañana me levanto y, al quitarme la ropa para meterme en la ducha, ya empiezo a pensar qué me voy a poner. Debo confesar que me pongo de lo que se me pasa más por la cabeza y más me apetece lo que creo que más miradas puede provocar en tí. No olvido mi vena práctica, pero sí, cada pienso más en "seducirte".
Tus miradas son demoledoras, tal vez por eso me cuesta tanto mantenerlas. Son directas, no se esconden. Son firmes, se mantienen pase lo que pase. Son de una seguridad aplastante. Y consiguen intimidarme. A veces siento cómo van más allá de mis ojos y se meten dentro de mis pensamientos…
Hoy te dije que tus ojos brillaban. Y es verdad, lo pienso, tu mirada resplandece. No siempre, obviamente, pero sí con bastante frecuencia. Y esa es una de las cosas que me hace suspirar. A veces, te miro y me doy cuenta de que te estoy mirando con deseo.
Me complace mirarte, aunque la mayoría de las veces lo haga de reojo y tímidamente. Ahí me ganas, yo me ruborizo con facilidad y hay ciertas cosas que me provocan bastante apuro. Aún así te miro, brevemente, cada vez que me apetece y tengo ocasión, y, sin lugar a dudas, cada vez con más frecuencia.
Me gusta ver tu cara afeitada o sin afeitar, e imaginarme su tacto sobre mi piel. Me gusta mirar cómo te vistes porque tu cuerpo me resulta muy atractivo. Me gusta observarte sin que te des cuenta, serio y concentrado.
Pero, lo mejor de los ojos es que son capaces de transmitir miles, millones de imágenes, que después se quedan grabadas en mi memoria y que, voluntaria o involuntariamente, me persiguen a lo largo del día. Esas imágenes son las que suscitan miles de pensamientos, sensaciones, sentimientos e, inevitablemente, palabras.
Y, para terminar este post, utilizo unas palabras de La vida es sueño, de Calderón de la Barca que leí por primera vez allá por el 94. No tienen la gracia ni la elegancia de los poetas del club de los corazones oscuros, pero expresan muy bien lo que quiero decir:
"Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser;
pues cuando es muerte el beber,
beben más, y desta suerte,
viendo que el ver me da muerte,
estoy muriendo por ver.
Pero véate yo y muera;
que no sé, rendido ya,
si el verte muerte me dá,
el no verte qué me diera".
P.D. Yo también te echo de menos al escribir este post. 