Ciega e iluminada

 

No tengo ojos para otro hombre que no seas tú. Y eso no quiere decir que no los vea, que no los mire o que no me parezcan guapos o atractivos. Simplemente significa que lo que hay en tí me gusta tanto y me llena de tal manera que dudo mucho que ninguno pueda interesarme en absoluto.

En estos últimos meses te he ido conociendo poquito a poco y, al mismo tiempo muy deprisa. Pocas cosas hay en tí que no me gusten y, son tan mínimas, que ni me preocupo por ellas. Sin embargo, hay tantas cosas en tí que me fascinan… Siento la necesidad de conocerte más, de disfrutarte más, de descubrir esas partes oscuras y esas otras brillantes que aún no conozco y que forman parte de tí. Sí, cuando no estoy contigo te echo de menos y, cuando estoy contigo, siempre quiero más.

Me resultas seductor, atractivo e interesante por dentro y por fuera. Posees las cualidades que más admiro en una persona: sinceridad, lealtad e integridad. Y, al mismo tiempo, tienes todo lo que espero de alguien que esté a mi lado: eres cariñoso, educado, caballeroso, pasional y te gusta que yo también sea pasional y cariñosa.

Me aprecias y me valoras tal y como soy y siempre das mucho más de lo que pides. Eres generoso y te gusta intentar hacer felices a las personas a las que quieres -aunque eso a veces te haga perder la perspectiva de lo que tú quieres o necesitas-. Contigo basta con ser yo misma y que tú seas tú mismo para que estemos bien -aunque nos sintamos mal cada uno con nosotros mismos- y eso hace que cada día me gustes más.

Puede que últimamente te piropee demasiado, pero me nace así. Siento algo muy intenso por ti y necesito expresarlo. A veces tengo miedo a abrumarte o a aburrirte con mis palabras. Pero no recordaba lo que era estar enamorada, esa sensación de desear tanto a una persona, de estar queriendo hablar con ella, o verla, o tocarla, o todo al mismo tiempo o, simplemente, de tenerte cerca.

Contigo hago cosas que no había hecho antes y ni tan siquiera me lo planteo. Confío en tí y siento que contigo no me puede pasar nada malo. Me encanta tu pasión por el jazz, tu amor por tu hijo y  tu forma de dedicarte a las cosas que te llenan aunque tú a veces no seas consciente. Desde fuera se ven de otra manera. Quiero aprender de tí y contigo y, espero que tú puedas hacer lo mismo contigo. No puedo prometerte varitas mágicas ni alfombras voladoras, pero sí darte todo lo que tengo dentro, que no sé si es poco o mucho, pero es lo mejor que puedo ofrecerte.

No podía irme a dormir sin escribir esto. Llevo desde ayer dándole vueltas. Desde que entraste por la puerta de mi casa y te vi tan increíblemente atractivo, me sentí desbordada -en el buen sentido-  por mis sentimientos. Intenté expresártelo mediante mis besos y caricias… porque las palabras, cara a cara no se me dan bien. Pero aunque ayer haya sido el detonante, todo esto lleva tiempo en mi cabeza, no es nuevo ni creo que nada que no supieras, pero quería decírtelo.

Jamás había conocido un hombre como tú, excepcional en todos los aspectos, desde los más superficiales hasta los realmente importantes. Nunca nadie me había hecho volar así en todos los sentidos, ni había conseguido que me sintiera tan querida y deseada.

Me  comprometo contigo no sólo ser sincera, sino también a no reprocharte nada si alguna vez tú lo eres y lo que me dices no me gusta. Y, aunque no me lo exijas, prometo intentar hacerte feliz, porque pocas cosas hay que desee tanto como tu felicidad.

Te quiero, guapo, y quiero lo mejor para ti, eso no lo dudes nunca…

Triple resaca

 

Tengo triple resaca: resaca de migraña, resaca de alcohol y resaca de amor.

La primera tiene aún para rato, me temo que estaré unos días más fastidiada y a medio gas, pero no me importa, la tengo asumida y forma parte de mí. El dolor de articulaciones y el cansancio generalizado me importan un pito siempre y cuando siga volando…

La segunda no es muy terrible, simplemente tengo el estómago algo fastidiado -en parte también por el empastillamiento de días anteriores- pero, como se suele decir, sarna con gusto no pica.

La resaca de amor es la que más me gusta de todas. Puede que ayer estuviera cansada, dolorida, no tan expresiva como de costumbre -o al menos yo me sentía así-  y un poquito borracha, pero conseguiste que me olvidara de todo y me concentrara en mis/tus sensaciones.

No, no tenía ninguna gana de que te fueras. Cero ganas. Estaba especialmente mimosa y tú increíblemente suave y sexy. Y me apetecía estar contigo. En fin, me consuela pensar que, en breve, podremos elegir cuándo queremos pasar una noche juntos. Pero tengo muchas ganas de tí, en todos los sentidos y entre tu estado, el mío y las circunstancias, cada vez te tengo más ganas.

Me parece fenomanal la exigencia de sinceridad, me da igual que la palabra suene fea. Creo que es lo único que nos  debemos exigir el uno al otro, tanto para las cosas bonitas como para las que no lo son tanto. Sí, no te siento tan cerca, pero no voy a dejar que te me escapes tan fácilmente. Te perseguiré allá donde vayas en tus "retorcidos" pensamientos. Porque estoy enamorada de tí y me siento feliz de tener resaca de amor. ¿Hay algo más bonito?

Hay una cosa que te quiero decir…

 

Puede que nuestro reencuentro no saliera como esperábamos, pero, a pesar de los percances, fue una tarde especial para mí, aunque no lo creas. Es algo difícil de explicar, pero sentirme tan bien estos días contigo ha hecho también que, sexualmente hablando, empiece a ser quien soy y a sentir las cosas que espero sentir.

Supongo que me sentía bloqueada y por fin me he liberado, al menos un poco. Y te aseguro que todo ese "saboreo" y redescubrimiento de sensaciones extasiantes resultó fabuloso.

Te tengo muchas ganas…

Aquella noche

 

Han pasado unos cuantos días después de aquella noche, pero aún la tengo presente. Llevo casi todas esas horas intentando asimilar lo que pasó, aunque al final lo haya dejado por imposible. Es tal el cúmulo de sensaciones y sentimientos en tan poco espacio de tiempo que, mejor que entenderlo, quiero disfrutarlo.

Sí, yo también tenía muchas ganas de que saliera todo bien, pero, hasta ahora, tener ese pensamiento presente en mi cabeza hacía que me dispersara y no me centrase en lo realmente importante. Cuando te vi entrar por la puerta del bar supe que esta vez iba a ser diferente, creo que nunca antes te había deseado con tanta fuerza cómo en ese momento, y eso que llevaba todo el día deseándote intensamente.

Pero estaba equivocado, me demostraste con tus besos en el bar que siempre puedo desearte más, y ahí empezó una ligera sensación de vértigo. En ese momento me abandoné, no quise pensar en qué hacer para que todo saliera bien. Me abandoné a las caricias de tus dedos en mi cuello y espalda. Me abandoné a tus intensos besos. Me abandoné al tacto de tu piel en mis dedos. Me abandoné a tus miradas.

Luego, a solas los dos, hubo momentos en que mi cabeza me quiso joder, pero esta vez no pudo con la suma de todas esas sensaciones. Y sí, el viaje fue muy intenso. Y lo mejor fue que después de ese viaje, aún tenía más ganas de ti. Cada beso, cada caricia me transportaba aún más. Quizás te suene exagerado, pero creo que en una ocasión casi me desmayo, sujetaste mi cabeza en el momento en que me estaba dejando caer. Te sentía dentro de mi médula espinal, erizabas mi piel y mi cerebro, me notaba a punto de levitar, y la sensación de vértigo se hizo tan intensa y real que me asusté. Fue ese miedo el que me hizo salir precipitadamente de tu casa, era consciente de que si seguía allí contigo no hubiera querido marcharme nunca.

"Es lo que sucede cuando aprendes a volar", me dijiste. Y por fin fui consciente de lo que puede significar volar.

Las siguientes horas fue cómo estar en una especie de sueño, me movía por inercia ya que mi cabeza no estaba con mi cuerpo. Durante el viernes y el sábado sólo recordaba e imaginaba. Imaginaba cómo sería estar en esa ciudad contigo sin límites de tiempo. Te imaginaba conmigo en aquella buhardilla del hotel, llenando la cama de besos, caricias y sexo. Te imaginaba paseando conmigo por aquellas calles. Te imaginaba conmigo en los bares, fumando y disertando. He vivido dos días soñando (despierto) contigo, con mi cuerpo en una ciudad desconocida y la mente a tu lado.

Y ahora empieza de nuevo una semana, y no quiero pensar en qué va a suceder ni en las expectativas. Sólo necesito que me mires, me beses, y me sonrías.