Encinas y Alcornoques

Acostumbrada a escribir lo que quiero cuando quiero, volver a estar en una oficina cuando me apetece escribirte es poco más que extraño… Sin embargo, me apetecía mucho darle vida a un post y que lo leyeras perdido entre las encinas o al encontrar el camino de vuelta…

Últimamente te digo mucho que te echo de menos. A veces me parece incluso que te lo digo excesivamente, pero me resulta extraño, día tras día, terminar mis cosas y que no estés a mi lado. Es como si me faltara una pierna, o un ojo, eso sí, sin molestarme porque sé que volverás.

Tengo ganas de las cosas más simples: de tocarte, de acariciarte, de nadear contigo, de pasear, de quererte, de amarte, de que nos riamos juntos, de soñar o de rascar gatos panza arriba. Me apetece compartirlo todo contigo porque cuando estás cerca las cosas se hacen más bonitas y los problemas se hacen más pequeños porque nos tenemos el uno al otro para consolarnos o alegrarnos el día.

Tú me dices que aún queda tiempo para que volvamos a la “rutina”, pero yo prefiero pensar que ya no queda nada… En un par de días estarás por aquí, luego yo me iré y, a partir de ahí, nos estaremos juntando y encontrando de nuevo, y me encanta, porque en cada uno de esos reencuentros siento la misma emoción que la primera vez que nos besamos, sólo que con más ansiedad, porque ahora sé lo bueno que puede llegar a ser estar contigo.

A veces tengo la sensación de no ser lo suficientemente buena para ti. Otras, me desespero porque veo que tus cosas no terminan de cerrarse y eso, quieras que no, me afecta y me perjudica. Sin embargo, nada de eso me importa cuando estás a mi lado, porque te quiero, porque me  haces muy feliz y porque compartir mis sueños contigo es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida.

Un beso de alcornoque!
 

Palabras

Este es el post prometido. Este es el post que quiero escribirte desde mi corazón. Este es el post para decirte lo que no te digo y para que sepas que aunque tú no digas, soy consciente de lo que haces para estemos bien…

No puedo evitar comenzar el post pidiéndote disculpas por mi dispersión, por mi falta de concentración, por incidentes como los de hoy que no deberían ocurrir, por no ser capaz de trasmitirte lo que siento o no resultarme fácil hablarte de lo que siento o pienso.

Sólo puedo decirte que estoy intentando arreglar todo lo que hace que esto no funcione tan bien como debería. No sé si lo ves o si no es visible, yo  no puedo ser consciente, sólo lo soy de mis esfuerzos. Sé que intentas entenderme y que en gran parte lo haces. Y sé que hay cosas que por mucho que lo intentes, no sabrás nunca cómo me hacen sentir, porque sólo puede saberlo el que lo está viviendo, del mismo modo que a mí se me escapan muchas cosas de las que puedas sentir tú porque no son comparables a nada de mi vida…

Mi casa está casi en orden. Mi familia y mi trabajo están encaminados, aunque haya mucho por hacer. Y estoy recobrando mi paz interior, aunque aún me queden cosas por hacer. Ya vuelvo a hacer deporte, a tocar, a hablar con mis amigos como antes –aunque no les vea- y a recuperar gran parte de las cosas que hacía. Es verdad que estoy más desmotivada con algunas –como con el coro-, pero una vez que he superado las que me daban pereza (gimnasio, masajista, etc….), las que aún me desmotivan tienen más que ver con su propia naturaleza (como los malos rollos en el coro) que con mi apatía/cansancio.

 Yo creo que es bueno y que sigo el camino que debo, pero a veces me duele ver cómo eso  afecta a nuestra relación, y no precisamente para bien. Eres un hombre increíblemente paciente y yo soy increíblemente testaruda y viceversa. En el fondo, los dos somos temperamentales, pacientes y sensibles y bueno, a veces chocamos…

Intenté explicarte cómo me sentía y parece que lo entendiste a la perfección. Le pondría musiquilla a esto (conozco una bonita canción de gospel), pero la canción está grabada un poco cutre, así que, GRACIAS por entenderme, lo haces muy bien.

Siempre hay un pero. Aunque en esta ocasión es un pero pequeñito y con muchísimo cariño, Vamos, yo no lo llamaría ni pero, más bien un “perito”, pero queda un poco ridículo. Así que diminutivos fuera!

Me alegro mucho de que hayas decidido cambiar de actitud con respecto a mi presencia en tu vida y en tu entorno. Como creo que te intenté decir en mi mail (y creo que así lo entendiste), no quiero ser la protagonista ni estar en todas partes, pero sí que las cosas sean más “normales”, al menos las que puedan serlo. Y bueno, el que no lo fueran me ha estado machacando bastante y en parte ha provocado que me alejara de ti porque me estaba haciendo daño.

Tú tienes tu vida, yo tengo la mía y tenemos además la nuestra. Lo normal es que nuestra vida a veces se cruce con la tuya o con la mía –aunque sigamos manteniendo nuestra independencia, como para trabajar, para actividades de ocio como el gimnasio o el coro en mi caso o, para quedar con los amigos-. Y yo me sentía totalmente apartada de tu vida mientras yo te iba introduciendo en mi entorno más cercano. Sabes, me llegó a quemar mucho. De hecho, te aparté de algunas cosas porque sentía que la relación, en ese sentido, estaba totalmente desequilibrada. Podía entender que hubiera cosas que quisieras tomar con calma, pero el que, al menos aparentemente, fuera de nuestro entorno yo no existiera, me dolía en el alma.

Como te escribí recientemente, no quería comentarte nada porque bueno, primero me dijiste que las cosas iban a cambiar con el año nuevo. Segundo, te vi tan desesperado cuando todo seguía igual que no te quise presionarte, me parecía que había otras cosas más importantes. Pero me ha afectado, no te lo puedo negar, me ha alejado de ti o, mejor dicho, ha hecho que elevara un pequeño muro entre tú y yo.

Me puedo poner en tu lugar y saber por qué has estado actuando de determinada forma, no te culpo ni te critico, pero no puedo evitar que me haya afectado. Tampoco me parece algo grave ni que no tenga solución, de hecho, ya estás poniendo solución y la que parece que está más tensa soy yo… Tu cambio de actitud tan repentino me ha pillado por sorpresa y, aunque me ha gustado, me ha descolocado.

El “pero” al que me refería es que me ha abrumado un poco tu cambio de actitud. Y no me malinterpretes, es lo que llevo deseando los últimos meses, que lo nuestro sea, dentro de las circunstancias, algo normal. Pero tanto cambio repentino me ha abrumado. Lo cuál no quiere decir que no me guste, me emocione y me alegre….

…estoy segura de que a partir de ahora todo va a cambiar para mejor….

Te quiero, puedo decir que eres lo que siempre he querido en mi vida, aunque las circunstancias no nos ayuden y aunque todo esté plagado de problemas. A pesar de eso, te quiero con toda mi alma y sólo deseo poder ayudarte a ser más feliz, a que seamos felices juntos…

Brillando…

 

Te estaba viendo caer, poco a poco, en algo en lo que no sabía cómo ayudarte. Te estaba sintiendo alejarte, cada día un poco más. Estaba notando cómo te perdías en un lugar oscuro y absurdo. Te encerrabas en tu cueva y no veías más allá. Pero no sé qué pasó. Un post mío. Un post tuyo. Una conversación que dolió. Momentos extraños y… cuando empezaba a dudar de si esto llevaría a alguna parte  y de mis propias fuerzas -que no ganas-, empezaste a cambiar por tí mismo.

Empezó muy despacito. Querías buscar un psicólogo. Te ayudé. Una conversación acerca de una idea de negocio y te convertiste en un cohete supersónico. Me encantaría saber qué estuvo pasando por tu cabeza, pero por otro lado creo que están bien las cosas como están. Estás rezumando energía por todos tus poros. Estás trabajando para cambiar algo muy importante en tu vida y créeme, se nota.

Tu relación conmigo ha dado un giro de 180 grados con respecto a estos últimos meses. Sí, tú, hombre huraño, has estado, como te dije el otro día, escupiendo palabras acerca de ti, de tus pensamientos, y eso me ha hecho sentirme muy especial. No has estado conmigo, porque has estado en otro sitio, pero al mismo tiempo te he sentido muy cerca.

Con respecto a Keltsa también te he visto cambiar. Te intentas involucrar más con él y pasar más tiempo con él. Y eso te hace sentirte bien o, al menos, esa impresión das. Y me encanta, porque sé que te hace feliz, que cada minuto que pasas con él es como un regalo, aunque algunos fines de semana prefieras que duerma con tu madre y poder descansar algo ;)

Y, el trabajo, otro de tus puntos de enfrentamiento, también se ha convertido ahora en objeto de cambio. Hasta hace poco seguías aferrado a él. Querías irte, pero en el fondo querías quedarte. Y ahora eso también ha cambiado. Es distinto que estés cabreado por cómo están las cosas y que te dé pena que estén así a que sigas pensando que pueden cambiar.

Me hace feliz verte así. Me siento de nuevo acompañándote en un viaje en un tren de alta velocidad. La única diferencia es que esta vez, ese tren te lleva hacia tu camino -sea el que sea-. Y es que desde el principio he pensado que tenías que dedicarte tiempo a ti y a tus necesidades. Y, aunque el tren sea de alta velocidad, no implica que esté desbocado o que haya perdido el control. Simplemente, está siguiendo su camino, parada a parada. Y siento que me dejas acompañarte en ese viaje. Y me encanta.

Creo que has empezado a hacer lo que tenías que hacer por ti. No sé si te había dicho esto hasta ahora y, puede que esté equivocada, pero creo que una de las razones por las que no te han salido bien las cosas es porque te has dedicado a satisfacer las necesidades ajenas sin pararte ni tan siquiera a pensar en las tuyas y lo que implican. Y, la clave de la felicidad está en encontrar el equilibrio entre hacer lo que uno quiere o necesita y lo que la gente a la que quiere desea que haga por una razón u otra.

Hace tiempo aprendí que para estar bien con mi entorno, necesito estar bien conmigo misma. Si no, es imposible. Puedo aparentar que todo va bien, puedo estar sumergida en una rutina plácida y cómoda o en un torbellino de mal rollo. Pero termino agobiándome. Si no pienso en mí, si no dedico tiempo a mí, me convierto en un ser inane, que se mueve por inercia y poco más…

Sé que tienes miedo. A lo mejor miedo es una palabra un poco fuerte, pero sí al menos preocupación ante lo que se te viene encima. No merece la pena preocuparse -aunque tampoco hay que despreocuparse-. Necesitas un cambio y estás en ese difícil proceso. Pero sé que todo te irá bien, aunque tengas que atravesar momentos complicados o discutamos… Lo estás haciendo muy bien, guapo, sigue así.

No sé por qué te quiero, pero sé que te quiero. También sé que eres brillante, cariñoso, detallista, increíblemente inteligente, testarudo, excesivamente cuadriculado en ocasiones y mentiroso, pero eres íntegro contigo mismo y, sé que si te necesito voy a poder contar contigo. Y, para mí, esas son dos cualidades muy valiosas -y escasas en esta sociedad-. Admiro tu frialdad para algunas cosas, porque mi inteligencia emocional siempre ha sido bastante escasa, así como tu sensibilidad cuando es necesaria, porque yo a veces padezco de incontinencia verbal.  Pienso que eres muy valiente y te adoro porque cuando estoy contigo me haces sentirme la mujer más especial del mundo.

Eres un hombre increíble. Vale, tienes defectos, muchos. Pero tus virtudes son tan grandes y aportan tanto positivo a mi vida, que, en el conjunto de las cosas, carecen de importancia. He peleado mucho por tí, creo que tú también por mí, pero este es el momento de que pelees por tí. Y quiero estar a tu lado mientras lo hagas. Me da igual que sea difícil, que sea duro, que a veces estés un poco insoportable… Me gusta estar contigo y compartir una parte de tu vida. Me gusta sentir que formo parte de ella, independientemente de que necesites espacio… -cosa que entiendo y no me importa-.

Verte como te veo es un regalo enorme. Brillas, brillas y brillas, aunque estés ausente, preocupado, disperso y a veces un tanto desagradable. Aún así rezumas energía por todos los poros, energía dinámica, energía positiva… Y no puedo evitar que me encante compartir eso contigo.

Un beso bicho. Te echo de menos.

 

Ciega e iluminada

 

No tengo ojos para otro hombre que no seas tú. Y eso no quiere decir que no los vea, que no los mire o que no me parezcan guapos o atractivos. Simplemente significa que lo que hay en tí me gusta tanto y me llena de tal manera que dudo mucho que ninguno pueda interesarme en absoluto.

En estos últimos meses te he ido conociendo poquito a poco y, al mismo tiempo muy deprisa. Pocas cosas hay en tí que no me gusten y, son tan mínimas, que ni me preocupo por ellas. Sin embargo, hay tantas cosas en tí que me fascinan… Siento la necesidad de conocerte más, de disfrutarte más, de descubrir esas partes oscuras y esas otras brillantes que aún no conozco y que forman parte de tí. Sí, cuando no estoy contigo te echo de menos y, cuando estoy contigo, siempre quiero más.

Me resultas seductor, atractivo e interesante por dentro y por fuera. Posees las cualidades que más admiro en una persona: sinceridad, lealtad e integridad. Y, al mismo tiempo, tienes todo lo que espero de alguien que esté a mi lado: eres cariñoso, educado, caballeroso, pasional y te gusta que yo también sea pasional y cariñosa.

Me aprecias y me valoras tal y como soy y siempre das mucho más de lo que pides. Eres generoso y te gusta intentar hacer felices a las personas a las que quieres -aunque eso a veces te haga perder la perspectiva de lo que tú quieres o necesitas-. Contigo basta con ser yo misma y que tú seas tú mismo para que estemos bien -aunque nos sintamos mal cada uno con nosotros mismos- y eso hace que cada día me gustes más.

Puede que últimamente te piropee demasiado, pero me nace así. Siento algo muy intenso por ti y necesito expresarlo. A veces tengo miedo a abrumarte o a aburrirte con mis palabras. Pero no recordaba lo que era estar enamorada, esa sensación de desear tanto a una persona, de estar queriendo hablar con ella, o verla, o tocarla, o todo al mismo tiempo o, simplemente, de tenerte cerca.

Contigo hago cosas que no había hecho antes y ni tan siquiera me lo planteo. Confío en tí y siento que contigo no me puede pasar nada malo. Me encanta tu pasión por el jazz, tu amor por tu hijo y  tu forma de dedicarte a las cosas que te llenan aunque tú a veces no seas consciente. Desde fuera se ven de otra manera. Quiero aprender de tí y contigo y, espero que tú puedas hacer lo mismo contigo. No puedo prometerte varitas mágicas ni alfombras voladoras, pero sí darte todo lo que tengo dentro, que no sé si es poco o mucho, pero es lo mejor que puedo ofrecerte.

No podía irme a dormir sin escribir esto. Llevo desde ayer dándole vueltas. Desde que entraste por la puerta de mi casa y te vi tan increíblemente atractivo, me sentí desbordada -en el buen sentido-  por mis sentimientos. Intenté expresártelo mediante mis besos y caricias… porque las palabras, cara a cara no se me dan bien. Pero aunque ayer haya sido el detonante, todo esto lleva tiempo en mi cabeza, no es nuevo ni creo que nada que no supieras, pero quería decírtelo.

Jamás había conocido un hombre como tú, excepcional en todos los aspectos, desde los más superficiales hasta los realmente importantes. Nunca nadie me había hecho volar así en todos los sentidos, ni había conseguido que me sintiera tan querida y deseada.

Me  comprometo contigo no sólo ser sincera, sino también a no reprocharte nada si alguna vez tú lo eres y lo que me dices no me gusta. Y, aunque no me lo exijas, prometo intentar hacerte feliz, porque pocas cosas hay que desee tanto como tu felicidad.

Te quiero, guapo, y quiero lo mejor para ti, eso no lo dudes nunca…

Triple resaca

 

Tengo triple resaca: resaca de migraña, resaca de alcohol y resaca de amor.

La primera tiene aún para rato, me temo que estaré unos días más fastidiada y a medio gas, pero no me importa, la tengo asumida y forma parte de mí. El dolor de articulaciones y el cansancio generalizado me importan un pito siempre y cuando siga volando…

La segunda no es muy terrible, simplemente tengo el estómago algo fastidiado -en parte también por el empastillamiento de días anteriores- pero, como se suele decir, sarna con gusto no pica.

La resaca de amor es la que más me gusta de todas. Puede que ayer estuviera cansada, dolorida, no tan expresiva como de costumbre -o al menos yo me sentía así-  y un poquito borracha, pero conseguiste que me olvidara de todo y me concentrara en mis/tus sensaciones.

No, no tenía ninguna gana de que te fueras. Cero ganas. Estaba especialmente mimosa y tú increíblemente suave y sexy. Y me apetecía estar contigo. En fin, me consuela pensar que, en breve, podremos elegir cuándo queremos pasar una noche juntos. Pero tengo muchas ganas de tí, en todos los sentidos y entre tu estado, el mío y las circunstancias, cada vez te tengo más ganas.

Me parece fenomanal la exigencia de sinceridad, me da igual que la palabra suene fea. Creo que es lo único que nos  debemos exigir el uno al otro, tanto para las cosas bonitas como para las que no lo son tanto. Sí, no te siento tan cerca, pero no voy a dejar que te me escapes tan fácilmente. Te perseguiré allá donde vayas en tus "retorcidos" pensamientos. Porque estoy enamorada de tí y me siento feliz de tener resaca de amor. ¿Hay algo más bonito?

Contigo en la distancia

Estoy lejos de ti y no me gusta, porque te echo de menos, te deseo y te anhelo. Tus mensajes me hacen vibrar y me frustran porque no estás a mi lado. Tengo ganas de verte, abrazarte y besarte pero, por otro lado, me asusta pensar en el reencuentro porque, como siempre, no tendremos bastante tiempo.

Nunca pensé que podía existir un hombre como tú. Jamás imaginé que me enamoraría de tí: no sabía que podías ser real. Y ahora que sé cómo eres y he descubierto lo feliz que soy contigo, no puedo evitar que seas el centro de mis pensamientos…

Puede

Puede que haya momentos en los que mis fuerzas flaqueen y no pueda ser coherente con mis propias palabras, pero ¿por qué no intentar  de ver el lado positivo de mi vida?

Puede ser que ahora sienta una pena tan intensa que tenga que esforzarme para hacer cualquier cosa, aunque también que esas cosas me gusten tanto, que sólo el saber que mi esfuerzo merecerá la pena, me haga olvidarme de lo demás.

Puede que haya  veces en las que desee dormir y que al despertar todo fuera como siempre he soñado, o relajarme y disfrutar de lo que tengo, aprovechando los momentos contigo en los que mi mundo se paraliza.

Puede que piense que si no tienes lo que siempre has querido y necesitado es porque realmente no quieres, sin embargo yo prefiero pensar que me encanta cómo eres.

Puede que te mire y me quede sin palabras, o que me salgan tantas que me quede muda. No obstante, prefiero sentarme a escribir sin esperar una respuesta simplemente por el placer de compartir mis pensamientos contigo.

Puede que en este instante esté deseando que estés a mi lado, para poder mirarte y tocarte y que me sepa a poco conformarme con escribir estas frases para sentirme cerca de ti.

Puede que no te diga que te quiero y que prefiera que tú no lo digas, pero ni el silencio apaga lo que estoy sintiendo…

 

Descripción enciclopédica

Estas palabras son algunas de las que se me vienen la pensar en tí, unas más que otras dependiendo del momento… Sí, lo reconozco, algunas letras han sido muy difíciles, otras, lo difícil era elegir entre varias opciones.

Necesitaba un poco de creatividad para terminar el día de hoy, así que espero que no se te indigeste y disfrutes de este desayuno literario, ya que te prometí que mañana sería buena y… aún no son las doce….

Apasionante:

      1. adj. Muy interesante, que capta mucho la atención.

Brillante:

      2. adj. Admirable o sobresaliente en su línea. 

Cálido:

      1. adj. Que da calor, o porque está caliente, o porque excita ardor en el organismo animal. 

Dulce:

4. adj. Grato, gustoso y apacible.  

Expresivo:

      1. adj. Dicho de una persona: Que manifiesta con gran viveza lo que siente o piensa. 

Firme:

      2. adj. Entero, constante, que no se deja dominar ni abatir.

Generoso:

     2. adj. Que obra con magnanimidad y nobleza de ánimo. 

Honesto:

       4. adj. Probo, recto, honrado. 

Inteligente:

        inteligencia.

(Del lat. intelligentĭa).

 1. f. Capacidad de entender o comprender.

 2. f. Capacidad de resolver problemas.

 3. f. Conocimiento, comprensión, acto de entender.

 5.  f. Habilidad, destreza y experiencia.

 6. f. Trato y correspondencia secreta de dos o más personas o naciones entre sí

Justo:

      1. adj. Que obra según justicia y razón.

Kamikaze:

     2. m. Persona que se juega la vida realizando una acción temeraria.

Lascivo:

       lascivia.

(Del lat. lascivĭa).

1. f. Propensión a los deleites carnales.

2. f. ant. Apetito inmoderado de algo. 

Minucioso:

    1. adj. Que se detiene en las cosas más pequeñas.. 

Noble:

4. adj. Singular o particular en su especie, o que aventaja a los demás individuos de ella.

5. adj. Honroso, estimable, como contrapuesto a deshonrado y vil.

Ñeque:

1. adj. C. Rica, Ec. y Nic. Fuerte, vigoroso.

2. adj. C. Rica. Muy bueno, estupendo, excelente.

Ocasional:

2. adj. Que sobreviene por una ocasión o accidentalmente.  

Peliagudo:

3. adj. coloq. Dicho de una persona: Sutil o mañosa. 

Querido:

     1. m. y f. Hombre, respecto de la mujer, o mujer, respecto del hombre, con quien tiene relaciones amorosas ilícitas.

Robusto:

1. adj. Fuerte, vigoroso, firme.

Sensual:

1. adj. Perteneciente o relativo a las sensaciones de los sentidos.

2. adj. Se dice de los gustos y deleites de los sentidos, de las cosas que los incitan o satisfacen y de las personas aficionadas a ellos.

3. adj. Perteneciente o relativo al deseo sexual.

Travieso:

2. adj. Sutil, sagaz.

3. adj. Inquieto y revoltoso.

Ubicuo:

2. adj. Dicho de una persona: Que todo lo quiere presenciar y vive en continuo movimiento.

Valiente:

1. adj. Fuerte y robusto en su línea.

2. adj. Esforzado, animoso y de valor. U. t. c. s.

3. adj. Eficaz y activo en su línea, física o moralmente.

4. adj. Excelente, primoroso o especial en su línea.

Weberio:

1. m. Fís. Unidad de flujo de inducción magnética (…).

Xilófago:

1. adj. Zool. Se dice de los insectos que roen la madera.

Yang:

1. m. En la filosofía china, especialmente en el taoísmo, fuerza activa o masculina que, en síntesis con el yin, pasiva o femenina, constituye el principio del orden universal.

Zagal:

2. m. Muchacho que ha llegado a la adolescencia.

Las palabras que te dedicaría

 

No sabía muy bien si escribir esto o no. No sabía si sería una provocación o tal vez una decepción. No sabía si debía hacerlo o no, pero mi cuerpo y mi mente me piden que lo haga. Lo necesito. Supongo que tanto tiempo de represión mental me ha llevado a esto. En cuanto he tenido tiempo de colocar mis ideas, me han salido las ganas de soltarlas.

La primera vez que escribí acerca de ti, no sabía muy bien qué poner porque te conocía poco. Ahora, que no te conozco bien pero creo que sí bastante más, se me ocurren demasiadas como para saber por dónde empezar.

¿Sabes? Después de hablar contigo hoy, busqué en el diccionario de la RAE la palabra enamorar. La primera acepción me encantó: "Excitar en alguien la pasión del amor." Una definición que encaja a la perfección con lo que tu presencia ha provocado en mí: que me excitaras en la pasión del amor.

Tienes la capacidad de darme lo que necesito en el momento exacto. Lo que necesito de ti. Tu generosidad a veces me abruma. No sé cómo consigues sacar tiempo para todo, y eso hace que te admire muchísimo y, al mismo tiempo, me sienta muy halagada. Hacía tiempo que nadie deseaba tanto mi compañía como para hacer esa clase de malabarismos. Y me admira más aún cómo puedes mantener la cabeza tan apartada de otros pensamientos como para poder darme tantos buenos momentos, aunque a tí te parezcan pocos.

Me asusta sentir algo tan fuerte. Me asusta hacer daño. Me asusta hacerme daño. Pero es cierto, mis sentimientos son demasiado poderosos para contenerlos. Al mismo tiempo, me encanta poder compartir contigo las cosas que me gustan. No me siento inferior hablando contigo de música o de literatura. Conocemos cosas distintas y siento que satisfaces mis ansias eternas de conocimiento. Soy como una esponja, ávida de disfrutar del aprendizaje y no me avergüenza reconocer que no sé de alguna cosa.

Tu mente me cautiva. Tu forma de analizar y sopesar las cosas, de intentar verlas desde todos los ángulos, me demuestran tu inteligencia. Me tienes impresionada. No es fácil impresionarme. Para ciertas cosas estoy de vuelta de todo. Me haces pensar, jugar conmigo misma y me encanta. Es difícil encontrar personas de las que puedes decir que deseas su mente.

Tu cuerpo me seduce. No sé si eres consciente de ello, pero a veces me paralizas, porque das el paso exacto en cada instante. Es como si estuvieras en mi cabeza. Tus caricias, medidas y desmedidas. Tus besos, tus anhelados besos, que en ocasiones hasta me marean. Simplemente tú, tu mirada clavada en la mía, tu cuerpo junto al mío, tus labios en los míos… me estremecen.

Estar junto a tí es como estar viendo un amanecer. Me gustan tus múltiples personalidades, porque demuestran que piensas, que eres coherente, sensitivo, racional pero emocional al mismo tiempo, que te planteas las cosas y no las dejas al azar. Buscas el equilibrio y eso permite que estar contigo me resulte tan sencillo, aunque a veces puedas sentirte en un caos absoluto.

Me excita sentirte y que me sientas porque inundas mis sentidos y me colmas de emociones tan dulces como intensas. Cuanto más te conozco, más deseo conocerte. Cuanto más estoy contigo, más me apetece estar contigo y más siento la necesidad de llegar hasta lo más profundo de tí.

En ocasiones me dejas sin sentido, siento que voy a estallar. Demasiada complicidad. Demasiadas emociones intensas. Demasiadas pasiones. Y, sin embargo, demasiado pocas. La balanza, siempre equilibrándose, para que la situación no desborde y sigamos manteniendo el equilibrio en la cuerda floja.

Rebosas energía. Lo haces desde el anonimato, escondido tras una pantalla, o tras una máscara de House. Pero tu cabeza es un hervidero. Eso me encanta de ti, es de lo que más me gusta. Que cultives tanto tu mente. Que sepas deleitarte con los pequeños placeres de la vida que al final no son tan pequeños. Y me cautiva poder compartir algunos de esos pequeños momentos contigo.

Abrir los ojos y verte a mi lado supuso ser consciente de qué estaba haciendo, hasta qué punto había decidido dejarme llevar, hasta el final y con todas las consecuencias. Y luego tus palabras. Como un hachazo, dejándome de hielo, diciéndome justo lo que no me hubiera gustado escuchar. La confirmación de mis propios pensamientos.

Hay que ser muy valiente para decir lo que se piensa. Muchas veces es muy duro de decir y/o de escuchar y siempre trae consecuencias. Quedan pocos hombres como tú, por eso deberías sentirte más orgulloso de ser como eres, y de dudar, porque eso significa que te planteas las cosas y que no te dejas llevar por lo más cómodo.

Tus virtudes eclipsan tus defectos; tus fallos se ven ampliamente compensados por tu generosidad y dedicación; tus dudas se me antojan racionales y admirables; tu sinceridad me abruma y me mantiene en la realidad; y tus besos y tus caricias me hacen perder el sentido.

Me gustas tal y como eres y por quién eres. Me gusta lo que no me gusta  de tí porque forma parte de tí, porque si no no serías tú y no me gustarías. Me gusta poder ser yo cuando estoy contigo y sentirme tan cómoda. Me gusta lo que me dices y lo que te digo. Me gusta ser sincera y que seas sincero conmigo, que podamos compartir nuestros pensamientos. Me gusta gustarte y que me gustes. Me gusta desearte y sentirme deseada. Y me gusta compartir mis sentimientos contigo… Me gustas…

 

Es una mujer increíble

En estos días tengo un pensamiento que hace que los demás desaparezcan: es una mujer increíble. Es increíble que siempre tenga la sonrisa dibujada en la cara cuando más lo necesitas. Es increíble que con dos frases alivie mi tensión y mis funestos pensamientos. Es increíble que con sus palabras plasme con exactitud mis sentimientos y pensamientos, y que me deje sin recursos. Es increíble que cuando estoy con ella no tenga la necesidad de pensar en otras cosas. Es increíble que provoque en mi ese grado de deseo.

 
En estos días pasados las circunstancias me han obligado de nuevo a hacer el ejercicio que llevaba un mes y pico sin hacer: reflexionar, meditar, sopesar, prever… Y no lo echaba de menos, y me disgusta. Ahora me veo en la necesidad de tener que enfrentar dos sentimientos diferentes: lo que deseo hacer, contra lo que debo hacer. Y es un ejercicio extremadamente complicado, parece que no es compatible tenerlo todo. En cualquier caso he decidido aplazar esa guerra de sentimientos, tengo unos planes pendientes que deseo llevarl a cabo sin lugar a dudas. Sé que en unos días tendré que regresar a este punto, pero no quiero que ese hecho inevitable enturbie mi cabeza ahora.

Miradla, ya está aquí de nuevo con su sonrisa. Qué más da el resto.