Encinas y Alcornoques
Acostumbrada a escribir lo que quiero cuando quiero, volver a estar en una oficina cuando me apetece escribirte es poco más que extraño… Sin embargo, me apetecía mucho darle vida a un post y que lo leyeras perdido entre las encinas o al encontrar el camino de vuelta…
Últimamente te digo mucho que te echo de menos. A veces me parece incluso que te lo digo excesivamente, pero me resulta extraño, día tras día, terminar mis cosas y que no estés a mi lado. Es como si me faltara una pierna, o un ojo, eso sí, sin molestarme porque sé que volverás.
Tengo ganas de las cosas más simples: de tocarte, de acariciarte, de nadear contigo, de pasear, de quererte, de amarte, de que nos riamos juntos, de soñar o de rascar gatos panza arriba. Me apetece compartirlo todo contigo porque cuando estás cerca las cosas se hacen más bonitas y los problemas se hacen más pequeños porque nos tenemos el uno al otro para consolarnos o alegrarnos el día.
Tú me dices que aún queda tiempo para que volvamos a la “rutina”, pero yo prefiero pensar que ya no queda nada… En un par de días estarás por aquí, luego yo me iré y, a partir de ahí, nos estaremos juntando y encontrando de nuevo, y me encanta, porque en cada uno de esos reencuentros siento la misma emoción que la primera vez que nos besamos, sólo que con más ansiedad, porque ahora sé lo bueno que puede llegar a ser estar contigo.
A veces tengo la sensación de no ser lo suficientemente buena para ti. Otras, me desespero porque veo que tus cosas no terminan de cerrarse y eso, quieras que no, me afecta y me perjudica. Sin embargo, nada de eso me importa cuando estás a mi lado, porque te quiero, porque me haces muy feliz y porque compartir mis sueños contigo es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida.
Un beso de alcornoque!