Título desconocido

Te admiro no sabes de qué modo. Te admiro por tu entereza, por tu valor. Por tu distanciamiento equilibrado de ciertas cosas. Por tu sentido común y eterno saber estar. Admiro quién eres y cómo eres. Eres un hombre, un hombre valiente. Algo confuso y errante pero, a diferencia del hombre que conocí, un hombre que se cuestiona las cosas y lucha por lo que quiere, a pesar de que tarde en decidir lo que quiere y pierda ese sentido práctico que para otras cosas es impecable

Yo no te conocía antes de estar conmigo (o prácticamente), pero sí sé que has cambiado. Más que cambiar, has crecido. Quizás no estés pegando el estirón tan rápido como te gustaría, pero créeme, creo que eres mucho mejor persona y más íntegro que cuando te conocí y, desde luego, mucho más coherente. Te admiro por tu capacidad para reinventarte, a pesar de las dificultades. Por, a pesar de todo, estar siempre ahí cuando te he necesitado y no haberme descuidado.

Me fascina estar contigo porque piensas en dos (bueno, en tres, en cuatro…) pero aunque a veces eres un despistado y me enfurruño, una de las cosas que mejor sabes hacer es sentir que piensas en mí cuando haces las cosas y que cuentas conmigo. Te quiero sin más. Porque todo lo bueno que me das, compensa con creces tus momentos de silencio, tus distanciamientos, la falta de comunicación, la confusión….

Echo de menos hablar contigo de mis sentimientos. Hay muchos pensamientos en mi cabeza, diferentes sensaciones, emociones. De cosas que me gustaría hablar contigo y no hago porque veo que no estás o, al menos, no estás para hablar. Aún así, me colmas de detalles y atenciones con esa mirada triste que me parte el corazón… y me gustaría saber hacerte más feliz.

Es una pena que no te quieras como te mereces, que no te valores como te mereces, porque vales mucho más de lo que crees.

Quiero que sigas creciendo, quiero que te encuentres. Quiero que seas feliz, y espero poder estar a tu lado para compartirlo…

 

00:42:47

 

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos llenos de palabras, pero de palabras vacías.

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos colmados de preguntas cuya respuesta no quiere entender.

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos que me dejan, en el fondo, con la sensación de haber hecho lo correcto.

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos que ya estaba necesitando.

Cuarenta y dos minutos y cuarenta y siete segundos que me liberan y, de rebote, me acercan más a tí.

Sin embargo, yo prefiero pensar en "15 segundos, a todas, luces insuficientes", pero siempre intensos.

Cansado

 

Por primera vez en muchos años estoy cansado, agotado, de pensar. Hace ahora dos meses que comprendí que algo no estaba funcionando correctamente en mi vida y me propuse cambiarlo. Dediqué muchas horas (de día, de noche) a poner orden en mi cabeza: qué quería y cómo lo quería.

Estaba emprendiendo el camino cuando de repente apareció ella: un punto de vista radicalmente diferente que me ha hecho replantearme si las premisas en las que basé el cambio eran las correctas. Y no sólo es un punto de vista diferente, resulta que ha generado una serie de sensaciones que soy incapaz de describir, racionalizar y asumir. Al igual que Rebeca, me encuentro desorientado.

Ayer, sin quererlo, sorprendí a mi pareja cuando contesté a una pregunta suya con un: “no tengo palabras, no sé qué decir”. Su comentario fue: “eso me preocupa, tú siempre sabes qué decir, qué hacer, lo tienes todo pensado, medido al milímetro. Asusta tu seguridad, tu claridad de ideas, el que siempre tengas decidido cual es el camino y qué es lo mejor para todos”.

Esa imagen, vista desde fuera, me causa sensaciones contrapuestas. Por un lado me siento orgulloso de haber forjado un carácter fuerte, que no se deja sorprender por nada y que me protege. Por otro lado es horrible pensar que haya podido ser inflexible en muchos aspectos de mi vida y que me haya estado perdiendo cosas. En cualquier caso, mi estado actual dista mucho de ser el de una persona que tiene todo bajo control.

Puede que esto parezca un lamento, pero no lo es. Que ella se haya cruzado en mi vida (y yo en la de ella) es lo mejor que me ha podido pasar, pero, sinceramente, ahora estoy cansado de rebuscar en mi cabeza la idea clarificadora que me deje tranquilo. Estos días pasados han sido un auténtico torrente de sensaciones, alternaba sentimientos de puro deseo, placer y bienestar con sentimientos de desorientación, inquietud, incluso a veces de culpabilidad.

Estoy cansado de darle vueltas a todo, de tener que sopesar y valorar cada uno de los sentimientos y sus implicaciones, lo que puedo ofrecer y lo que espero de los demás. Me gustaría ser un ser anodino y dejar que los demás elijan por mí, sin que tenga que decidir nada.

Pero eso no sería justo para nadie.

Interrogantes algo arrogantes

 

Supongo que hoy no ha sido un buen día para muchos. Yo incluída, claro. Pero ha habido dos momentos notables: uno, el del encabrone monumental que me he agarrado y, el segundo, cómo dos personas han conseguido, a pesar de los miles de pensamientos hiviendo en mi cabeza, que sonriera a ratos.

Sinceramente, era un día en el que me hubiera gustado hacer el avestruz o ser pequeñita y desaparecer. Pero aún así, todavía me sentía con ganas de estar acompañada de algunas personas de esas que tienen el arte de convertir hasta el instante más ínfimo en algo especial.

Como dice Jon, de una pregunta, salen más preguntas y me veo en la obligación conmigo misma de hacer examen de conciencia e intentar responderlas, porque tal vez así consiga calmar mi atormentada cabeza lo suficiente como para tener un sueño tranquilo y apacible:

¿Qué voy a hacer con mi novio? No lo sé, no tengo ni idea, el corazón me dice una cosa, la razón me dice otra, a veces ambos se mezclan y me confunden, pero por encima de todo, sé que debo tomar una determinación pronto. No sé si sigo con él porque le quiero, porque me he acostumbrado a él, porque tengo miedo a estar sola o porque en el fondo sé que es un buen chico y me quiere. Francamente, me siento muy perdida y los consejos de la gente me confunden más aún. Creo que esa respuesta sólo puedo dármela yo, y no sé cuál es…. creo que necesito tiempo, distancia y perspectiva… O, lo que es lo mismo, vacaciones.

Este interrogante me lleva irremisiblemente al siguiente… ¿y por qué ahora sí? Sí porque me gusta. Sí porque es lo que deseo. Sí porque quiero ser feliz. Sí porque quiero vivir. Sí porque no quiero más corsés ni ataduras.  Sí porque para entender qué es lo que quieres de la persona que esté a tu lado necesitas tener la certeza de que lo que tienes es lo que deseas y, para eso, a veces es necesario abrir la mente y vivir nuevas experiencias. Y un poco de sí porque sí, como en el anuncio: "porque yo lo valgo".

Ahora porque me siento capaz de enfrentarme a cualquier cosa. Ahora porque decidí que era el momento de dejarme llevar. Ahora porque alguna vez tiene que haber un ahora. Ahora porque sé que si no lo llego a hacer, me habría perdido una de las experiencias más bonitas de los últimos años, pese a que probablemente sea una aventura fugaz y pasajera -aunque no por ello menos intensa, placentera y sincera-.

Sé que si no me hubiera planteado nunca el primer interrogante, no hubiera llegado a plantearse el segundo, aunque así escrito pueda parecer inconexo. A la duda sigue la duda, aunque, por suerte, el tiempo termina poniendo las cosas en su sitio. La pena es que a veces tarda demasiado.

Y llegamos al tercer interrogante, unido a los otros dos. ¿Qué voy a hacer con "él"? Es curioso porque es el interrogante más difíicil y fácil de responder al mismo tiempo. Es fácil porque puedo decir qué quiero ahora: disfrutar de su compañía y conocerle más, pero las cosas que me hace sentir me hacen preguntarme -nuevamente- qué voy a querer mañana.

Conocer a Jon está siendo una de las experiencias más fascinantes de los últimos años, aunque haya traído más interrogantes a mi ya de por sí apabullada cabeza…

P.D. Acabo de releer lo que he escrito y me doy cuenta de que he puesto "pese a que probablemente sea una aventura fugaz y pasajera". Me sentiría más tranquila si hubiera escrito "pese a que sé que es una aventura fugaz y pasajera". Es curiosa la diferencia entre la seguridad y la probabilidad… Nunca se me dio bien estudiar las variables aleatorias.

Pánico

 

Me senté a escribir con una idea en la cabeza, pero no puedo escribirla. Es decir, claro que uedo, tengo bien definido qué quiero decir, cómo y por qué. Pero hay otra cosa que me bulle en la cabeza y tengo que soltarla.

¿Por qué en un momento dado sientes más cercano a ti a a alguien que acabas de conocer que a la persona con la que llevas compartiendo los últimos años? Y me refiero, ¿es la distancia con una persona la que provoca que te abras a conocer a otras, o es el conocer a otras lo que genera distancia con tu pareja? Más aún, ¿qué pasa cuando un soplo de aire fresco te abre los ojos y te hace ver que la distancia lleva ahí mucho tiempo?

Jon, como buen elemento masculino y simplificador que es, resume esta cercanía como simbiosis. Algunas de mis amigas, un poco bichejas, lo definen como química. Pero para mí es consecuencia de una crisis, el resultado de una situación en la que no se sabe lo que va a pasar.

¿Qué ocurriría si ahora deshojara una margarita? Es decir, si verdaderamente las margaritas pudieran predecir si "me quiere" o "no me quiere", ¿sabrían la respuesta? Es más, ¿la sabe él? Se suponía que hace unos días tenía que haberme dicho algo, pero no parece por la labor.

Y mientras en ocasiones me como las uñas a causa de la incertidumbre, en estos momentos me estoy preguntando si yo misma no me estaré aprovechando de su cansancio, su alejamiento y las circunstancias para evitar una respuesta que no desearía escuchar.

Estoy un poquito acojonada…

 

Felicia

 

Alguien debería decirle a Felicia que hay cosas que no tienen solución. Me refiero a que hay cosas contra las que uno no puede luchar, si eres bajita y no tienes sex appeal, da igual que te pongas los pantalones de moda más ceñidos que encuentres, ni que andes por la oficina como si llevaras un palo de escoba metida por el culo intentando aparentar dos milímetros más de altura. Creo que el rictus de su cara es debido al esfuerzo por crecer esos dos milímetros, lo cual no ayuda al conjunto.

No hay que entenderme mal, la chica tiene buen tipo (supongo), pero a uno se le quitan las ganas de hablar con ella por no enfrentarse a esa sonrisa forzada que lleva puesta. Creo que en la vida uno tiene que ser más natural, ¿realmente merece la pena todo ese esfuerzo para aparentar algo que no eres y que quieres llegar a ser?

Rebeca me dijo una vez que no me "vendía" bien, y tiene toda la razón del mundo, supongo que podría evitar en mis conversaciones mencionar mis defectos pero, ¿qué sentido tiene?, al final la gente acaba sabiendo cómo eres y encontrando lo que no les gusta de ti, ¿para que perder el tiempo disimulando u omitiendo cosas?. Es muy burdo que uno trate las relaciones personales cómo si fueran un tema comercial, o de marketing, venta de un producto.

En fin, si Felicia asumiera que siempre va a ser bajita, que nunca va a tener más que un culo bonito, seguramente se relajaría, bajaría esos dos milímetros de altura, y volvería a sonreir cómo una persona a la que le apetece hacerlo.

 

Enfadada

Llevo semanas intentando hablar con mi novio de nuestra relación, de los problemas que tenemos porque, sinceramente, no avanza, está en un punto en el que yo me siento mal, él se siente mal y, en lugar de ser motivo de alegría, es motivo de preocupación y disgustos.

Mi último intento fue ayer. Dio largas, rodeos y, finalmente, pasó de todo para quedarse dormido. Luego la insomne fui yo, claro, pero él la mar de bien durmiendo como un corderito. Pero mi cabreo viene ahora cuando, estando en la oficina, le llamo y sale el tema a colación. Me pregunta -al fin- que cuándo quiero hablar, si antes o después de sus exámenes. Yo le digo que me dá un poco igual -total, después de tanto tiempo esperando, me dá igual esperar unos días más- y, aún así, le importa tres carajos que esté en la oficina y me empieza a soltar una retahila de cosas. Fenomenal, mejor momento, mejor sitio, y mejor manera -por teléfono- no podía haber tenido.

Y en estos momentos, además de disgustada, tengo un cabreo monumental con él. Puto egoísta de mierda.