Palabras

Este es el post prometido. Este es el post que quiero escribirte desde mi corazón. Este es el post para decirte lo que no te digo y para que sepas que aunque tú no digas, soy consciente de lo que haces para estemos bien…

No puedo evitar comenzar el post pidiéndote disculpas por mi dispersión, por mi falta de concentración, por incidentes como los de hoy que no deberían ocurrir, por no ser capaz de trasmitirte lo que siento o no resultarme fácil hablarte de lo que siento o pienso.

Sólo puedo decirte que estoy intentando arreglar todo lo que hace que esto no funcione tan bien como debería. No sé si lo ves o si no es visible, yo  no puedo ser consciente, sólo lo soy de mis esfuerzos. Sé que intentas entenderme y que en gran parte lo haces. Y sé que hay cosas que por mucho que lo intentes, no sabrás nunca cómo me hacen sentir, porque sólo puede saberlo el que lo está viviendo, del mismo modo que a mí se me escapan muchas cosas de las que puedas sentir tú porque no son comparables a nada de mi vida…

Mi casa está casi en orden. Mi familia y mi trabajo están encaminados, aunque haya mucho por hacer. Y estoy recobrando mi paz interior, aunque aún me queden cosas por hacer. Ya vuelvo a hacer deporte, a tocar, a hablar con mis amigos como antes –aunque no les vea- y a recuperar gran parte de las cosas que hacía. Es verdad que estoy más desmotivada con algunas –como con el coro-, pero una vez que he superado las que me daban pereza (gimnasio, masajista, etc….), las que aún me desmotivan tienen más que ver con su propia naturaleza (como los malos rollos en el coro) que con mi apatía/cansancio.

 Yo creo que es bueno y que sigo el camino que debo, pero a veces me duele ver cómo eso  afecta a nuestra relación, y no precisamente para bien. Eres un hombre increíblemente paciente y yo soy increíblemente testaruda y viceversa. En el fondo, los dos somos temperamentales, pacientes y sensibles y bueno, a veces chocamos…

Intenté explicarte cómo me sentía y parece que lo entendiste a la perfección. Le pondría musiquilla a esto (conozco una bonita canción de gospel), pero la canción está grabada un poco cutre, así que, GRACIAS por entenderme, lo haces muy bien.

Siempre hay un pero. Aunque en esta ocasión es un pero pequeñito y con muchísimo cariño, Vamos, yo no lo llamaría ni pero, más bien un “perito”, pero queda un poco ridículo. Así que diminutivos fuera!

Me alegro mucho de que hayas decidido cambiar de actitud con respecto a mi presencia en tu vida y en tu entorno. Como creo que te intenté decir en mi mail (y creo que así lo entendiste), no quiero ser la protagonista ni estar en todas partes, pero sí que las cosas sean más “normales”, al menos las que puedan serlo. Y bueno, el que no lo fueran me ha estado machacando bastante y en parte ha provocado que me alejara de ti porque me estaba haciendo daño.

Tú tienes tu vida, yo tengo la mía y tenemos además la nuestra. Lo normal es que nuestra vida a veces se cruce con la tuya o con la mía –aunque sigamos manteniendo nuestra independencia, como para trabajar, para actividades de ocio como el gimnasio o el coro en mi caso o, para quedar con los amigos-. Y yo me sentía totalmente apartada de tu vida mientras yo te iba introduciendo en mi entorno más cercano. Sabes, me llegó a quemar mucho. De hecho, te aparté de algunas cosas porque sentía que la relación, en ese sentido, estaba totalmente desequilibrada. Podía entender que hubiera cosas que quisieras tomar con calma, pero el que, al menos aparentemente, fuera de nuestro entorno yo no existiera, me dolía en el alma.

Como te escribí recientemente, no quería comentarte nada porque bueno, primero me dijiste que las cosas iban a cambiar con el año nuevo. Segundo, te vi tan desesperado cuando todo seguía igual que no te quise presionarte, me parecía que había otras cosas más importantes. Pero me ha afectado, no te lo puedo negar, me ha alejado de ti o, mejor dicho, ha hecho que elevara un pequeño muro entre tú y yo.

Me puedo poner en tu lugar y saber por qué has estado actuando de determinada forma, no te culpo ni te critico, pero no puedo evitar que me haya afectado. Tampoco me parece algo grave ni que no tenga solución, de hecho, ya estás poniendo solución y la que parece que está más tensa soy yo… Tu cambio de actitud tan repentino me ha pillado por sorpresa y, aunque me ha gustado, me ha descolocado.

El “pero” al que me refería es que me ha abrumado un poco tu cambio de actitud. Y no me malinterpretes, es lo que llevo deseando los últimos meses, que lo nuestro sea, dentro de las circunstancias, algo normal. Pero tanto cambio repentino me ha abrumado. Lo cuál no quiere decir que no me guste, me emocione y me alegre….

…estoy segura de que a partir de ahora todo va a cambiar para mejor….

Te quiero, puedo decir que eres lo que siempre he querido en mi vida, aunque las circunstancias no nos ayuden y aunque todo esté plagado de problemas. A pesar de eso, te quiero con toda mi alma y sólo deseo poder ayudarte a ser más feliz, a que seamos felices juntos…

Aquí estoy…

 

Me duele que estés así. Verte tan triste, tan alicaído, me mata. Bueno, no es cierto lo que estoy diciendo. Me mata saber que estás así de triste y no poder estar a tu lado. Sé que no tengo la llave de tu felicidad, ojalá la tuviera, entonces estarías todo el día con una sonrisa de oreja a oreja. Pero me dá rabia pensar que lo único que puedo hacer por ti, es lo único que no puedo hacer… simplemente estar contigo.

Quiero que sepas que aunque no esté, estoy. Estás casi constantemente en mis pensamientos. Apenas sales de ellos. No estoy preocupada porque sé que eres fuerte, porque sé que esto es pasajero y porque sé que vas a estar mejor, por mucho que tú andes excéptico por la vida. Tal vez tardes más o tardes menos, eso nadie lo puede adivinar y menos yo que no tengo bola de cristal. Pero sé que lo conseguirás, que llevarás tu vida hacia un lugar en el que te sientas más lleno. Probablemente no sea tampoco perfecto porque la perfección no existe, pero sí mejor.

Sé que te repito muchas veces ese mensaje. Probablemente porque soy una buscadora nata. Mi madre siempre me ha dicho una frase en mis rupturas de pareja, cambios de trabajo… "si no eres feliz, ¿por qué no lo dejas?" que para lo bueno y lo malo, me aplico habitualmente. Siempre busco lo mejor para mí. A veces no lo consigo, pero al menos lo intento y, el resultado después de cada cambio es para mejor. En ocasiones y de manera temporal, todo va a peor, pero al final de las batallas, resulta que he salido ganando mucho más que lo que he perdido en el camino.

Sin embargo, aunque tenga más experiencia que tú… siento el mismo pánico cada vez que me enfrento a una situación nueva. Te entiendo muy bien, bicho. No me voy a enfadar porque estés disperso, triste, ausente, malhumorado o incluso cafre -y mucho menos si no lo estás-. ¡QUE NO LO ESTÁS!, al menos cuando estás a mi lado. Sé que esto es muy duro para ti y lo que menos quiero es ponértelo más complicado.

Estoy contigo para quererte y ayudarte. Y el que ahora no estés bien no hace ni que te quiera menos ni que desee menos tu compañía, al contrario, hace que te valore más. Las personas, al menos las sinceras, tienen sentimientos y los demuestran y no siempre son agradables. No me importa, quiero estar contigo, no con tu cara más amable. Sólo eso no eres tú.

Pero no todo son pensamientos poco alegres. Sabes… en breve, te voy a poder coger de una oreja, meterte en la cama, dejarte dormir hasta que descanses, comer platos ricos contigo y hacer el amor cuantas veces nos apetezca. Fumar porros y reírnos, beber mojitos y cervezas o simplemente tirarnos en el sofá y acariciarnos en silencio.

Cuando te pongas triste, piensa en eso. Probablemente ese pensamiento sólo hará que esboces una leve sonrisa pero para mí no hay nada más bonito que ver tu labios iluminados y tus ojos brillar.

Un beso, guapo.

Jo

 

¡Qué poco dice y cuánto puede decir la palabra "jo"!.

Un suspiro, con un monosílabo contundente, fue el miserable intento de expulsar el cúmulo de sensaciones que me ahogaba. Me resulta difícil describirlo con palabras. Estaba mareada, aturdida. También, por supuesto, extasiada. Estaba de vuelta de un viaje muy intenso. Y notaba tu cuerpo cálido a mi lado, deseado, deseoso y deseable y, me sentía un poco avergonzada por mi comportamiento. Esa es mi parte tímida, al fin y al cabo, nuestras tensiones nos impiden conocernos cómodamente en ese sentido y me entran las dudas sobre si no me habré pasado de la raya.

Pero todo eso, en el fondo, da igual. Consigues excitarme sólo con rozarme y haces que sea yo misma en cada momento, incluso en mis pensamientos más tontos.

Me siento muy cerca de tí, pero, al mismo tiempo, siento miedo. Ayer hablabas de vértigo. Yo de mareos, sensación de levitación. Me fascinas, pero temo lo que provocas en mí, temo quererte y no poder tenerte y temo que esto no sea más que un espejismo.

Me envías un sms. Al final, has ido a dónde querías. Me alegro por tí, pero me jode, porque me hubiera gustado estar allí, contigo, pensando en verde, viendo girasoles y paseando por campos de tulipanes. Es lo que hay. Tarde aburrida. Vuelvo a casa y enciendo el ordenador. Pum! Fase lapidaria: "ojalá estuvieras aquí". Me quedo blanca. Empiezo a sentir mareos, la sensación de que todo se me va de las manos y de cómo en ocasiones me supera una situación que jamás imaginé vivir.

"La vida es muy difícil", me dijiste. Y yo te contesté "siempre lo ha sido". Yo prefiero pensar que, simplemente, tomar decisiones es a veces complicado y la vida es una constante toma de decisiones que nos alteran en ocasiones.

Tercer mensaje del día. Tiemblo. Me cuesta escribir, y eso que estaba embalada. No sé qué contestar. Pero lo hago, lo que me sale, sin pensar demasiado. Y un pensamiento me asalta: ¿habrá sentido algo tan intenso como yo?

Cuarto mensaje. Estoy muerta.

Contradicciones

 

Siento que mientras nuestra historia evoluciona, mi cabeza se llena de más contradicciones. Tantas, que a veces esto se me antoja un puzzle irresoluble.

Un día pienso en que me apetece pasar todo mi tiempo contigo, poder hacer y deshacer con él lo que nos plazca: comer, dormir, amar… Pero al mismo tiempo pienso que sin esa urgencia del tiempo, lo nuestro sería mentos intenso: ese acumular tensión, ese buscarnos en los momentos y lugares más imprevistos, esa limitación en todo que hace desearnos tanto.

Otro día deseo tenerte disponible sin barreras, poder acarciarte siempre que me apetezca (nos apetezca), poder sentirte y amarte cada noche… Pero al mismo tiempo me asusta que lo nuestro pueda convertirse en monotonía y que con ello acabe el encanto.

Al día siguiente desearía poder estar contigo al acabar la jornada laboral, que nos podamos mirar a los ojos y decir exactamente lo que se nos pase por la cabeza. Y a la vez pienso que no seríamos capaces de decirnos las cosas como hacemos ahora, sin estar presentes. Pienso que si desapareciera de en medio la distancia y desapareciera el blog o el chat cómo canal de comunicación, estaríamos perdidos.

Y hay días en que pienso en que podríamos ser felices juntos, pero a la vez me lastra la idea de no poder ser suficiente para ti, ya que tendré que llevar conmigo una carga (mental, moral) que no me permitirá satisfacerte.

Resumiendo, deseo tenerte lo más cerca posible, y al mismo tiempo parece que necesite tenerte lejos.

No quiero que esto suene triste, por que no lo es. Esta paja mental es debida a lo de siempre, a que no dejo de pensar, y a que me acojona todo lo que siento. Al final creo que todo se reduce a que, visto lo que siento ahora, me da miedo entregarme al 100×100.

Quizás cuando leas esto podrás entender que a veces sea torpe, son las contradicciones.

Por último, querría aclararte lo de ayer, cuando te dije que "había dormido dos horas de más". Lo que estaba detrás de ese pensamiento es que esas dos horas las quería haber pasado tocándote, acariciándote. Abrazándonos y amándonos. En ese instante me pareció una insensatez haber utilizado esas dos horas en dormir, sabiendo la escasez de nuestro tiempo juntos. Pero no pude explicarlo, la prisa me ganó. Una pena después de una noche increíble.

¿Sabes?, justo en este momento, te echo mucho de menos.

¡Maldita cabeza!

 

Por primera vez me quedé francamente triste cuando te fuíste. Dijiste algo así como "he dormido dos horas de más", te pusiste a recoger tus cosas, te vestiste y te marchaste. Yo te miraba y no decía apenas nada. También me había quedado dormida, placenteramente dormida a tu lado.

Quería decir algo, pero no me salían las palabras. El único pensamiento que estaba en mi cabeza era "no te vayas". Pero hubiera sido muy injusto ponerte las cosas más difíciles y, preferí callar. Soy consciente de que me das todo lo que puedes (a veces pienso que más de lo que debes), así que me limité a seguirte con la mirada, pensando que, a veces, las circunstancias son una mierda.

Ayer tú estabas torpe, pero yo también, mucho más de lo que es habitual en mí. Me costaba expresarme, en todos los sentidos, y no sólo porque era un día especialmente duro para mí (por otras razones, que hacían que no consiguiera ignorar ciertos recuerdos y pensamientos fúnebres que me asaltaban en algunos momentos y que intentaba ocultar, como si así pudiera hacerlos desaparecer). Sí, en parte era por eso, pero sólo en parte.

Esta mañana, al despertarme y recordarlo, me puse a pensar en por qué estaba así, por qué todo el tiempo contigo me sabe a poco y por qué no te expreso -con palabras o con actos- muchas cosas de las que me gustaría. Le he dado vueltas, créeme y,  la única razón que he encontrado es que estoy un poco desbordada por la situación. A veces pienso que se me escapa de las manos y no sé cómo manejarla.

Siento que el tiempo y las circunstancias me ponen entre la espada y la pared. A veces me comportaría de determinada forma, te diría algo en concreto  y, sin embargo, me quedo parada. Tengo miedo a ponerte en una posición incómoda, tengo miedo a "asustarte" y que desaparezcas de mi vida y, tengo miedo porque va todo tan rápido que a veces siento vértigo.

Me doy cuenta de que no estoy acostumbrada a que me traten tan bien, a sentirme tan bien. Ayer cuando me dijiste que a veces tenías miedo de tocarme o de besarme demasiado por si pensaba que sólo me querías por mi cuerpo me quedé estupefacta. Nunca se me ha pasado ese pensamiento por la cabeza, pero sí el contrario. ¿Y si piensa que lo único que me interesa de él es el morbo de la situación y pasar un buen rato?

En el plano sexual me tienes loca. Me encantas, me apasionas, me haces perder el control.Y pienso que si eso ocurre sin estar al 100×100, ¿qué pasaría si pudiera dártelo todo?.Pero, por otro lado, sé que no me apasionarías así si no estuvieran presentes otras de tus cualidades, ajenas por completo al lado pasional y que me atraen tanto.

Puede que a estas alturas te resulte difícil creelo, pero yo no suelo ir tan rápido en determinadas situaciones. (Aquí es cuando me paro buscando la sutileza). Momentos como los del otro día en tu coche, frente a la carnicería, no salen tan espontáneamente de mí con alguien a quien conozco tan poco. (¿tan poco o desde hace tan poco?). No lo pensé, la verdad. De hecho, no pensé en nada. Me dejé llevar por lo que me apetecía hacer en ese momento. Y cuando volví a casa, me sorprendí mucho de mí misma, la verdad…

Me gusta nuestra forma de comunicarnos, entre palabras escritas, palabras dichas, miradas, caricias… Mucha gente no entiende que escribiendo hay cosas que dices que jamás te atreverías a decir -o si lo hicieras, no saldría igual- si estuvieras mirando a los ojos a la otra persona. Hay veces que te escribo porque sé que si te tuviera delante, sería incapaz de pronunciar una sola palabra. Me pondría como un tomate, bajaría la mirada y te diría cualquier chorrada…

Y me encanta. Me encanta poder hablar contigo de cualquier cosa. Me encanta que seas inteligente. Me encanta reírme contigo. Me encanta cómo me siento cuando estoy a tu lado. Me encanta cómo te veo cuando estás conmigo. Tenía razón Fer cuando me dijo… "no te gustan sus cualidades, te gusta él". ¡Ains!

 

¿Incoherencia? (II)

 

"Joder, si alguna mujer me dedicara esas palabras, creo que no la dejaría marchar nunca". No puedo parar de darle vueltas a esa frase, escrita en quién sabe qué estado anímico.

Me parece una frase muy peligrosa. Si no fuera cierta, sería un claro ejemplo de insinceridad. Si lo fuera, me estaría diciéndo qué tengo que hacer para tenerlo cerca. Demasiado poder para una sola frase.

Pienso demasiado. No puedo evitarlo. Todo esto me desconcierta. Hay veces que me dejas sin respiración. Creo que si te acercas más a mí, podrías quemarme. Pero, por otro lado, me gusta jugar con fuego si hay detrás de ello un motivo que merezca suficientemente la pena como para correr el riesgo.

Pero esto a veces me sobrepasa. Demasiado intenso y, al mismo tiempo, demasiado sometido a estrictas limitaciones. Me asusta querer más de la misma manera que me asusta alejarme. Mi cabeza se divide en dos. Una parte de mí me dice que querer más puede hacerme daño y, la otra, que alejarme, a corto plazo, me hará daño. Así que tengo dos opciones, quedarme y a lo mejor sufrir, o marcharme y sufrir. La elección está clara, pero aún así a veces me provoca cierto desasosiego desagradable.

Algún día te escribiré las palabras que te dedicaría. Sólo es cuestión de tiempo.

¿Incoherencia?

 

Son casi las 5 de la madrugada. Llego a casa, después de una noche cuyo final preferiría olvidar. Enciendo el ordenador. Necesito escribir lo que he vivido de espectadora. Entro a revisar mis correos y mi blog personal. Me percato de que Jon ha escrito un comentario a uno de mis posts y se me olvida lo que quería escribir. En realidad, no se me olvida, sino que me parece frugal comparado con lo que se me ha ocurrido ahora.

"Joder, si alguna mujer me dedicara esas palabras, creo que no la dejaría marchar nunca", escribe en respuesta a mi escrito del 4 de septiembre, antes de conocerle en profundidad, antes de que cambiaran muchas cosas en mi vida. Antes de que decidiera que tenían que cambiar.

No reconozco mi post. No reconozco mis palabras. Tampoco mis sentimientos, ya no están. A día de hoy, no sería capaz de escribir algo así. Ya no lo siento. Me siento triste, pero igual es porque estoy borracha, bastante borracha, de hecho, y bastante cansada. No podría decir que estoy enamorada. Al menos no de la persona a la que dediqué ese post.

Una de las frases que decía era "saber que me quiere ya es bastante aliciente para levantarme cada día". No me quiere. Ahora lo sé. No al menos de la manera en la que yo espero. Lo curioso es que en estos momentos no me importa.  ¡Qué ingenua he sido pensando que las cosas cambiarían!

Me gusta Jon. Mucho. Muchísimo. Tanto que me empiezo a plantear si no sería mejor dejar las cosas como están. Pero no puedo. Creo que siento por él más de lo que debería, o de lo que quise en su momento. Pero no puedo evitarlo…

Me voy a dormir, se me cierran los párpados. Igual esto es una incoherencia, pero no me importa.

Mañana será otro día.

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

No quiero

 

Necesito caminar. Voy despacio, sin rumbo. Cosa rara, no escucho música. Tengo que vaciarme, sosegarme. Todos mis sentidos están cargados de sensaciones. Me siento confusa, llena de interrogantes. No sé por qué me gustas tanto, pero es así. Tus miradas, esas que me gustaría saber descrifrar, son como un enigma sorprendente y gratificante. Me atraviesan y me desarman.

Intento no pensar, pero es imposible no hacerlo. Me he llegado a plantear qué pasaría si nada hubiera pasado, si no sería todo más sencillo. Pero, aunque me fastidie reconocerlo, tengo que confesar que no es así. Las cosas son lo que son y tú sólo has sido un detonante dentro del sinfín de cosas que estaban ahí, escondidas, acechando mis pensamientos.

Me gustaría evadirme de todo lo que me rodea. Me siento un poco perdida. Por primera vez en mucho tiempo me cuesta concentrarme en las palabras. Tal vez es que se quedan cortas, o que ni yo misma sé qué escribir porque no sé qué demonios es esto que provoca tal agitación en mí.

Haces que me sienta bien, muy bien, pero, al mismo tiempo, no puedo evitar poner distancia porque no sé qué estoy sintiendo. Tengo miedo de que tu presencia perturbe otras decisiones en las que no quiero pensar y que no tienen nada que ver contigo, pero que al haber aparecido tú, han pasado de ser interrogantes que estaban ahí a interrogantes que necesitan respuestas a corto plazo.

Me gusta quién soy desde que has aparecido. Me gusta volver a sentirme yo y, eso es lo mejor que has conseguido de mí, recordarme quién soy, sacar mi parte "bicho". Y, aunque pienses que tú tienes algo que no te deja estar tranquilo, te aseguro que no eres el único que ve alteradas sus percepciones.

Estoy cansada. No puedo -ni debo- pensar más. No quiero plantearme nada. No ahora. No aquí. No así…

Deseo y Contradicción

 

Hoy te he deseado mucho. Muchísimo, diría yo. Deseaba sentir tus labios, tus caricias, tu cuerpo… Creo que el primer beso que te di cuando se paró el coche ha sido el más sincero y espontáneo de todos hasta el momento.

Pero no es de esto de lo que quería hablar, aunque me veía en la necesidad de decirte lo que me haces sentir. En realidad, quería explicarte por qué no quiero opinar.

Del mismo modo que tú hablas de deber y desear, yo me encuentro en una encrucijada. Como amiga y persona que te aprecia, a veces me sorprende que, dadas tus circunstancias, te hayas lanzado a la piscina. Y, como amiga y persona que te aprecia, te diría que no te arriesgues a perder algo que quieres por algo que no conoces. Ese es mi deber contigo.

Sin embargo, como persona que se siente irremisiblemente atraída por tí, te diría que no pienses y te dejes llevar, porque eso es lo que deseo que hagas.

Obviamente, tú eres tú y decides qué quieres hacer o no hacer, pero opinar sobre ciertas cosas a veces me resulta tremendamente complicado.

Sé que suena cursi, pero eres un hombre increíble, y quiero lo mejor para tí. Y eso sólo lo puedes saber tú.

¿Y por qué ahora sí?

 

Esa parece ser la pregunta de la semana, y desde que la oí salir por su boca no deja de asaltarme de vez en cuando. De primeras siempre la intento evitar, no pensar en ella, ya que a esa pregunta seguirán otras. Pero a veces me encuentro inconscientemente pensando en ello y, la verdad, no he llegado a ninguna conclusión.

Lo mejor de todo es que no me preocupa en absoluto, aunque la pregunta insista en volver. Quizás la insistencia es debida a que durante mis últimos 12 o 15 años he sido siempre un hombre al que le gusta tener todo bien analizado: ¿por qué te gusta esto?, ¿por qué piensas eso?, ¿por qué motivo haces eso?, siempre sopesando, previendo, analizando las consecuencias presentes y futuras.  Pero ahora me encuentro con que algo en mi cabeza me dice: "da igual", y le estoy haciendo caso.

Ese algo estaba adormecido, atrofiado de no usarlo, pero se desperezó primero con una sonrisa preciosa, luego se estimuló con una interesante personalidad, pasó a excitarse con un cuerpo voluptuoso y por fin entró en órbita al sentir unos labios, una piel, un sabor y unas sensaciones que hacía tiempo (demasiado tiempo) no percibía.

De todas formas ese algo aún tiene trabajo, es muy difícil librarse del corsé que he ido fabricando. Y aunque no tengo una garantía de que esto vaya a durar mucho, no tengo prisa, me gusta saborear las nuevas sensaciones sin agobios.

Sólo hay una idea en mi cabeza que me impide disfrutar plenamente: No quiero hacerla daño

Esto es lo más personal que he escrito nunca, es otro de los efectos secundarios que ella ha provocado en mi cerebro. Y qué queréis que os diga, es perfecto.

P.D.: La 2ª acepción de la RAE de voluptuoso es genial: "Dado a los placeres o deleites sensuales"