Te dejé, nos dejamos. Empezamos a estar juntos sin estar el uno con el otro. No importa de quien sea la culpa, lo que importa es que ha sido así. Se acabaron las risas, los juegos y la seducción. Asumo mi parte de responsabilidad, aunque esto haya sido algo de los dos. Es cierto, no trae nada positivo, no es buen presagio. Pero sigo enamorada del ti del que me enamoré, ese que cada día espero que vuelva a aparecer y en mi desesperación intento agarrar cada vez más, separándolo de mi en lugar de acercarlo. Ese que cada día se esconde más del mundo y de mí, que cada día está más lejos y al que cada vez echo más de menos.
Sé que me he equivocado y que te he hecho daño, sé que no he sabido darte lo que necesitabas (aunque también es cierto que no era consciente de lo que estaba haciendo) y sé que, en muchas ocasiones, me he comportado como una auténtica cretina. También sé que tú no te mereces eso, no he sido justa contigo, he estado tan encerrada en mi mundo y mis problemas que me he portado muy egoístamente en muchas ocasiones. Y lo siento de veras.
También sé que eres escéptico cuando te digo que no soy así. ¿Era así cuando nos conocimos? Yo creo que no. Dame, al menos, el beneficio de la duda. Sé que no lo he hecho bien y sé que puedo hacerlo bien, porque lo he hecho. Y, lo que es más importante, porque quiero hacerlo, no sólo porque te amo y eres lo mejor que me ha pasado sino porque, a pesar de todo, sigo pensando que podemos ser muy felices juntos si los dos ponemos de nuestra parte.
Echo de menos las fotos, los posts, los comentarios, las webcams, el ponerme guapa para ti, el pensar la lencería, el aparecer depilada y sin ropa interior cuando menos te lo esperas, el intentar sorprenderte. Y, como tú bien dices, al ritmo que llevábamos al principio no se puede seguir, pero, ¿por qué hemos dejado que muriera esa parte de nosotros? Una cosa es que esté menos presente y otra que muera… Me provocó risa cuando me dijiste lo del matrimonio, pero tienes razón, somos como una pareja aburrida que lleva 20 años casados y ni tú ni yo queríamos eso. Es más, es justo lo que no queríamos. Echo de menos ir a tomar mojitos, salir a un concierto, o simplemente ir a dar un paseo o tomar unas cañas. Siento que la desidia se ha quedado con nosotros como una lacra y que ninguno de los dos hemos sabido salir de esa espiral.
No creo que el problema sean las noches viendo cosas malas en la tele o fumando porros, el problema es que, como tu decías, nuestra vida en común se limita a eso (exceptuando sexo, fines de semana y cocina) y sabes, me da mucho pena, porque sé lo felices que hemos sido juntos y no sé cómo he sido tan insensata de echarlo a perder. No sé si esto tiene arreglo. Yo creo saber en qué me he equivocado y cómo remediarlo, pero no sé si será suficiente o si se nos habrá pasado el arroz. Sé que quiero intentarlo, pero para ser feliz, no para estar angustiada.
De tí necesito simplemente que hables conmigo después de haberme escuchado (leído, más bien), que me digas qué te sigue preocupando y que podamos ver entre los dos si efectivamente puede ser o no puede ser. Que pongamos en común lo que realmente nos importa y si esta relación que ha sido tan fuerte y tan bonita y con tantas cosas en común fue una ilusión o una realidad, porque llevamos un 50/50 y en estos momentos lo que más pesa es lo malo porque es lo que está más reciente.
Me has dicho que necesitas estar bien y centrarte en ti y tus necesidades, que estás a punto de tocar fondo. Y yo soy la primera interesada en que tú estés bien. Y, si para estar bien tienes que estar sin mí, lo aceptaré. Sólo te pido que, al menos, podamos hablarlo con calma. Hay muchas cosas que me has dicho hoy que realmente me han sorprendido, y eso me ha hecho pensar en los errores que he cometido. Sé que no lo he hecho bien, pero déjame demostrarte lo que soy, y si no te gusta, no te perseguiré constantemente preguntándote por qué. Pero, sobre todo y, por encima de todo, piensa en ti. Sólo importa lo que importa.
Escrito a las 17:43 por Rebeca en
Fuera